El precio de los propios errores
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Flavio Briatore suele hablar muy clarito y ayer, con su habitual elocuencia, zanjó en Madrid cualquier especulación sobre un hipotético cambio en la reglamentación de neumáticos en esta campaña 2005 de Fórmula 1. Con muchos más conocimientos, experiencia y legitimidad defendió las teorías que hemos mantenido en estas páginas desde el accidente de Raikkonen en Nurburgring. La más inmediata, que sólo el finlandés y su equipo son los responsables de lo que les ocurri la segunda, que el reventón en el McLaren no es una deficiencia de neumáticos, sino un simple empecinamiento de los propios afectados.
Así que hay que descartar cualquier argumento que esgrima la bandera de la seguridad, porque ésta puede ser tan relativa como cada uno quiera plantearse. Ya lo adelantó Jean Todt (que de esto también sabe un poco) al insinuar que buena parte de su crisis se debía a que Ferrari había apostado por unos neumáticos más resistentes (y, por tanto, seguros al final de carrera) que eficaces a una vuelta. Y ahora ha sido el jefe de Alonso, el líder del Mundial, quien también recurre a la misma explicación, que no tiene desde luego nada de descabellada. Por eso es importante que ahora que la F-1 va a ir especialmente deprisa (mucha atención a Montreal) cada cual sea consciente de lo mucho que está en juego.
