Crisol: Theater of Idols

  • PlataformaPCPS57XBS
  • GéneroAcción
  • DesarrolladorVermila
  • Lanzamiento10/02/2026
  • TextoEspañol
  • VocesEspañol
  • EditorBlumhouse Games

Review

Análisis de Crisol: Theater of Idols, el BioShock ambientado en España

El prometedor estreno de Vermila Studios es un juego al que no le pesan las grandes comparaciones.

¿Recuerdas la primera vez que montaste en bici? ¿Y la primera vez que intentaste nadar? Es muy probable que ninguna de ellas saliese del todo bien. Posiblemente te cayeras o tragaras demasiada agua. A lo mejor tuviste que tirar de ruedines y manguitos durante un tiempo. El caso es que aunque la experiencia no fuese perfecta, ahora la recuerdas con cariño. Porque incluso entonces ya había algo mágico en pedalear contra el viento. Ciertos comienzos son así, imperfectos, pero tan emocionantes como para merecer el esfuerzo. Crisol: Theater of Idols es uno de ellos.

Un debut del que tomar nota

El primer trabajo de Vermila Studios, desarrolladora madrileña de alrededor de una veintena de personas, es tan imperfecto como disfrutable. En una entrevista reciente en la que recordaba todas las veces que habían estado a punto de cerrar, David Tornero, su cofundador y director creativo, confesaba no rehuir de BioShock como gran fuente de inspiración. Rapture es uno de los motivos por los que se dedica a esto y se nota con creces. No existe mejor descripción para el juego que la etiqueta de «BioShock español» que lleva meses persiguiéndole. Estamos ante un first person shooter con gran carga narrativa y una ambientación tan fascinante como aterradora (motivo por el que también anda Blumhouse de por medio).

“En Crisol visitaréis tablaos de flamenco, ferias gitanas, fábricas de Mariquitas Pérez y torres de tortura dignas de la Inquisición”.

En lugar de una ciudad sumergida donde no hay dioses ni reyes, Crisol nos propone visitar la herética isla de Tormentosa, una región que aúna distintas localizaciones, épocas y corrientes artísticas de nuestro país. Lo hacemos en la piel de Gabriel Escudero, un emisario de Hispania que acude a sus costas con la firme intención de evangelizar a varios infieles y de acabar con la deidad que ha originado un culto distinto al suyo. Empieza así una historia sobre las aristas de la religión, la identidad y las consecuencias de la fe desbocada.

No es un juego de miedo

A pesar de su estética lúgubre y sombría, en Tormentosa no aguardan demasiados sustos. Tiene sus momentos, pero Crisol no es un juego de terror y supervivencia. Sus pilares son la acción, los puzles y la exploración, siendo este último el mejor de los tres. Pasear por sus escenarios y descubrir esa retorcida versión de España es lo más destacado de la experiencia. Veremos personajes con trajes de luces y el vestuario de los tercios de Flandes, comerciaremos con una plañidera y tendremos reminiscencias de las catedrales de Santiago, Burgos y San Idelfonso. Hay tablaos de flamenco, ferias gitanas, fábricas de Mariquitas Pérez y torres de tortura dignas de la Inquisición. El carrusel de referencias a nuestra cultura es de los que se recuerdan.

“Exporta una imagen de nuestra cultura más superficial y menos cohesionada que la de Blasphemous”.

Aún sin caer en la parodia y sin reducirnos a flamenco, toros y paella (nos encantó su eslogan: “tópico, pero no típico”), sí que es cierto que, al comparar con el otro nombre que a todos se nos viene a la cabeza, Blasphemous, Crisol da la sensación de exportar una imagen más superficial y menos cohesionada. Nos parece que visita más zonas comunes y que exagera demasiado ciertos rasgos de nuestro folclore (un ejemplo evidente es el aspecto de Mediodía, uno de los personajes). Matices y preferencias personales que no evitan que su mundo nos haya deleitado y dejado con ganas de volver a él en un futuro.

Su punto débil es la acción

Es en las secuencias de acción donde Crisol muestra más margen de mejora. No tanto por lo que hace, sino por lo que deja de hacer. Tu primer combate es prácticamente igual que el último. Le falta dinamismo y progresión. Por seguir con BioShock como faro, Irrational Games solventaba aquello con los plásmidos, el sky-hook, las hordas de enemigos y toques de estrategia como las minas y torretas. La acción de Crisol es mucho más planita y repetitiva. Que apenas haya tres tipos de enemigo tampoco ayuda. Vienen despacio, en grupos reducidos y si mantienes la calma y les disparas a las piernas, todo es bastante fácil. Es curioso que haya mutilaciones, pero no verdadera sensación de impacto. También tenemos mejoras y parry, pero las primeras son anecdóticas y el segundo, un tanto impreciso.

“No deja de ser un indie con aspecto de triple A. Tiene ideas fantásticas (como el sistema de recarga), pero también aspectos donde evidencia ser un proyecto muy humilde”.

Vaya por delante que no tenemos intención de machacar al juego, sino de aclarar que estamos ante un indie con aspecto de triple A. Tenemos que saber qué le pedimos. Crisol realmente no hace nada mal. Al contrario, entretiene y funciona sin complicaciones. Sienta una gran base y sirve de excelente carta de presentación. Es solo que la parte shooter, entre otras, evidencia que estamos ante un proyecto más bien humilde. La propuesta puede enriquecerse enormemente en futuras secuelas con el debido apoyo. Vermila demuestra merecerlo con talento e ideas de sobra. Un ejemplo son mecánicas como el sistema de recarga, de lo más llamativo y original del juego.

En Crisol, las armas de Gabriel no consumen munición, sino su propia vida. Cada bala exige un sacrificio en nuestra barra de salud y no supone el mismo precio rellenar el cargador de una escopeta que el de una pistola. En combate no solo hemos de evitar que nos golpeen, también debemos procurar no desangrarnos recargando cuando no toca. Además de vistoso y genuino, este sistema (con una curiosa disposición de botones) añade algo de miga a las batallas y aunque puede costar acostumbrarse, creemos que ese es el camino a seguir.

El estudio le pone voluntad. Encontraremos secuencias en las que somos perseguidos por un enemigo inmortal, el clásico Mr. X de Resident Evil 2, y lucharemos contra monstruos curiosos, como uno que sale de las vidrieras de las iglesias, está compuesto de cristales y puede reflejar la luz y volverse invisible. Hay personalidad hasta en los masillas, que no son marionetas ni animatrónicos, sino “astillados”, figuras de madera policramada basadas en santos y mártires como los que podemos encontrar en cualquier iglesia de España. Sumad un par de jefes (el último de diseño espectacular) y un hub con varios minijuegos al que regresamos entre capítulos.

¿Cuánto dura Crisol?

Después de la ambientación y el sistema de recarga, lo tercero más destacado del juego son los puzles. Los hay más y menos inspirados, pero cuentan con mayor presencia de lo habitual y se agradecen. Ayudan a conseguir que, a pesar de las flaquezas comentadas, Crisol sea la mar de entretenido durante las 8-12 horas que dura. En nuestro caso concreto fueron 9 consiguiendo la mayoría de coleccionables. El diseño de niveles es bastante lineal y tampoco da para perderse mucho más. De hecho, hasta cuenta con un trofeo que invita a pasárselo en menos de 3 horas. Nunca llega a dar la sensación de estirar el chicle y se siente como tiempo de calidad. Se hace muy difícil no recomendarlo por los 17,49 euros que cuesta.

“El juego dura entre 8 y 12 horas y se hace imposible no recomendarlo a ese precio (17,49 euros). Lástima que su historia nos parezca decepcionante, sobre todo su final”.

Su precio no significa que tengamos que ser benevolentes con una historia que nos ha parecido floja y de final decepcionante. Además, Crisol comete un fallo narrativo que ya viéramos en, por ejemplo, el juego de Guardianes de la Galaxia. Ciertos diálogos exigen pararse y esperar a que terminen. Si avanzamos con naturalidad, los interrumpimos. Obligan a poner el foco en conversaciones que no lo resisten. La radio y los fantasmas que vamos viendo ralentizan el gameplay para acaparar nuestra atención. Todo podría ser un pelín más fluido e interesante.

Un portento audiovisual... con sus peros

A nivel gráfico, Crisol entra por los ojos y, como decíamos antes, por momentos pareciera tratarse de un triple A. Obviamente tiene sus truquitos: largos tiempos de carga en ascensores y pasadizos entre rocas, nula destrucción e interacción con los escenarios, una IA justita y algunos efectos raros como puede ser el del fuego. Peajes que pagamos gustosos a cambio del brillante acabado general de su mundo. Lo único que le pedimos es mejorar su rendimiento en consolas con un parche. Hemos hecho el análisis en una PS5 Pro y daba la sensación de ir a 30 fps con bastantes tirones. No es injugable, pero el malestar es recurrente.

“El rendimiento en consolas podría ser un poco mejor y aunque celebramos que llegue doblado al castellano, un juego tan castizo merecía un pelín más de atención a este apartado”.

En lo sonoro, celebramos una banda sonora con ocho temas cantados, compuestos para la ocasión y basados en romanceros reales del siglo XV. Son tan buenos (basta con escuchar el del menú) que nos hubiera gustado que tuviera algo más de protagonismo, pero al menos está gracioso que estas canciones sean un extra coleccionable. El doblaje al castellano es igual de loable, aunque dista mucho del inolvidable nivel alcanzado en Blasphemous. En un juego tan castizo, que sea simplemente correcto y que personajes principales padezcan desincronización labial nos hace añorar un poco más de cariño hacia este apartado.

Conclusión

Crisol: Theater of Idols es un siete, un siete disfrutón, de esos que evocas con cariño y reivindicas con el tiempo. Recuerda enormemente a BioShock, pero también evidencia ser un proyecto mucho más humilde. Es un indie con aspecto de triple A. Construye un mundo interesante y tiene buenas ideas (como el sistema de recarga), pero tiene margen de mejora a nivel narrativo y jugable. Se nota sobre todo en las secuencias de acción, donde falta variedad, ritmo e imaginación. Aún así, gracias a su ambientación, los puzles y la exploración, Crisol es de lo más entretenido durante las 10 horas que dura. Deja con ganas de más y nos parece una excelente carta de presentación para Vermila Studios. Un debut perfecto en su imperfección. Ojalá volver a Hispania y Tormentosa en un futuro próximo.

Lo mejor

  • Su ambientación castiza.
  • El sistema de recarga, original y vistoso.
  • Algunos puzles.
  • El precio. Sale a 17,49 euros.

Lo peor

  • Ligeros problemas de rendimiento en consolas.
  • La nula variedad de enemigos y lo simple de sus combates.
  • El ritmo narrativo y el final de la historia.

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7

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas. Cómpralo sin miedo.

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