Vikingos

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Vikingos - Introducción

La taberna apestaba a humedad, a cerveza barata y a sudor. Los gritos de pavor de un cliente no habitual al ser informado de que no se trataba de un bar "de ambiente" y que tampoco se podía sintonizar la MTV quedaban medio ocultos por los rudos cantares sobre cariño a las cabras. Aqui empieza todo.

INTRODUCCIÓN

La taberna apestaba a humedad, a cerveza barata y a sudor. Los gritos de pavor de un cliente no habitual al ser informado de que no se trataba de un bar "de ambiente" y que tampoco se podía sintonizar la MTV quedaban medio ocultos por los rudos cantares sobre cariño a las cabras. En una mesa, al fondo, en el lugar más lúgubre y peor ventilado del antro, estaba sentado El Bárbaro, apurando su Jack Daniels sin hielo ni mariconadas flotantes, ahogando sus penas.

Como el local era el único que no importunaba a sus clientes con rancias canciones navideñas ni adornos cursis, estaba tremendamente concurrido, pero nadie se atrevía a compartir mesa con el ser de mirada a la vez perdida, a la vez penetrante; medio sobrio, medio borracho... nadie hasta que dos personajes entraron y se sentaron a su vera, verdadera.

Los ojos coléricos de El Bárbaro, enrojecidos por el odio súbito y la conjuntivitis crónica, hubieran espantado a cualquiera que no fuesen Eldgrim "el chamán" y Hjalmar "mano de hierro". Tras hacer las presentaciones [Hjalmar no quiso dar la mano, que el postizo valía una pasta] se inició una amable conversación, fundada en el mútuo respeto y el fundado temor que el hacha del otro fuera más grande o estuviera mejor templada.

[Bárbaro] ¿Qué os trae por aquí ? Os aviso que las hembras de por aquí son todas profesionales y que la cerveza tiene gusanos, y el tequila espuma.

[Eldgrim] Sabe, tú, Bárbaro, el de la pérfida y lasciva mirada, cuyos atributos genitales...

[Bárbaro] Al grano, mi paciencia es como mi vida social : inexistente.

[Eldgrim] Bueno, bueno: que queremos contarte la saga del gran Hjalmar, o sea, mi amigo rubio, que es un poco sordomudo, porque no dice nada y nunca me hace caso.

[Hjalmar] Lo que pasa es que eres un pesado del copón y todo el rato me hablas del destino y esas gilipolleces. ¡Jarl ! ¿Dónde están las chatis ?