Golf | Masters de Augusta

Sergio García se va de Augusta con el driver y el corazón rotos

El castellonense tira un 75, +3 para +8, jugando desde el hoyo 2 sin ese palo, destrozado en un arrebato de rabia. El club le amonesta.

Sergio García se va de Augusta con el driver y el corazón rotos
ERIK S. LESSER
Jorge Noguera
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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Tiene problemas más importantes con los que lidiar ahora, por eso no dio la impresión de que Sergio García le prestara mucha atención a Geoff Yang, presidente del comité de competición y reglas del Augusta National, cuando este tuvo que amonestarle en los primeros compases de su cuarta vuelta en este 90º Masters. El motivo fue un arrebato de rabia del castellonense, que lleva enemistado toda la semana con su driver y acabó rompiéndolo tras una mala salida en el hoyo 2 que aterrizó en el bunker de la derecha de la calle, un agujero negro. En el 4 se produjo la visita y la advertencia de Yang por su actitud, que declinó comentar posteriormente.

Sergio se obligó a jugar sin el palo más largo de la bolsa 16 hoyos en un campo que tiene en la longitud una de sus principales defensas. Le salió una vuelta mala, de 75 impactos (+3 para +8), con poco a lo que agarrarse, dos birdies con un tirazo en el 7 y cinco bogeys. Pero cómo habrá sido la cosa desde el tee estos días que hasta celebraba haberse deshecho de esa herramienta: “Fíjate que yo creo que si juego toda la vuelta con él hago más golpes”, decía a la prensa un rato después, aunque cuando le preguntaron, para muestra del cacao mental que atraviesa, en qué hoyo podía haberlo echado más de menos, contestó recitando todos menos los dos primeros, en los que sí pudo usarlo, y los pares 3.

Sergio García se va de Augusta con el driver y el corazón rotos
Geoff Yang, a la izquierda con chaqueta verde, habla con Sergio García calle abajo en el hoyo 4 del Augusta National este domingo. ERIK S. LESSER

Es tan bueno que hasta así le hizo birdie al 15, que se jugaba en 500 metros este domingo, pero ya no se lo cree. Y es preocupante porque queda casi toda la temporada por delante sin que atisbe en el horizonte nada que le haga ilusión. “Jugar el British (se ríe socarronamente)... Cuando no me miren voy a jugar el British. Veremos. Para eso primero hay que clasificarse. A ver si encuentro alguna sensación positiva, arreglamos el juego y a ver de qué somos capaces”, apuntaba con poca fe en el discurso, aunque dejó más o menos claro que la intención es buscar plaza en el grande británico a través de las previas.

El contrato con el LIV le obliga a jugar la próxima semana en México, algo que seguramente no haría de tener la oportunidad, porque su estado de ánimo pide a gritos un parón. La parte buena, que al fin y al cabo es una oportunidad de volver a recuperar algo de confianza. “Depende de muchas cosas lo que me pasa. Pero la única forma de salir de esto es verdad que es jugando. En el campo de prácticas y con los amigos le pego de maravilla, pero la cosa es la competición. Estar ahí cuando compites. No todo el mundo lo puede hacer. Hay muchísimos grandes jugadores en el campo de prácticas, pero fuera no tantos”, barruntó sobre la posibilidad de buscar algún tipo de ayuda externa, pues ahora mismo su equipo no va mucho más allá de él mismo; Angela, su mujer y agente; y Benji Thompson, su caddie. A él siempre le ha gustado hacer las cosas a su manera.

Jon Rahm le pidió en su propia comparecencia “entre comillas, que deje de decir chorradas” tras compartir con él los 18 hoyos, que dejaron un momento curioso cuando Sergio le cargó la bolsa, precisamente en el 2, durante unos metros porque Adam Hayes, caddie del vasco, se afanaba en rastrillar el bunker desde el que había tenido que jugar el de Borriol poco antes. A los 46 todavía no se le ha pasado el arroz ni mucho menos. No está en edad de retirarse, como recordaba en su propia comparecencia. Pero necesita volver a encontrar de alguna manera aquella pasión con la que jugaba ‘El Niño’ que un día fue.

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