PELOTA

Oinatz pone el Labrit a sus pies

Impresionante despedida del frontón de Pamplona a un pelotari con enorme carisma. Bengoetxea es uno de los siete que han ganado la triple corona. "Ha sido un final perfecto".

Oinatz, con el Labrit a sus pies
OSKAR MONTERO
Alfonso Herrán
Coordinador en la delegación de País Vasco de Diario AS desde 2017. En 2008 entró en Diario AS como redactor de polideportivo y desde entonces es su casa. Le gusta tocar todos los palos, pero ahora está más centrado en realizar las crónicas del Athletic y el Bilbao Basket. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto.
Actualizado a

Será difícil olvidar lo que se ha vivido esta tarde en el Labrit, la 'bombonera' de Pamplona, llena hasta lo permitido con mil personas. Un homenaje por todo lo alto, merecidísimo, para uno de los integrantes del olimpo de la pelota a mano profesional como uno de los siete jugadores que ha ganado las tres grandes txapelas: Cuatro y Medio, Manomanista y Parejas. Forma parte por méritos propios de ese selecto grupo que integran Olaizola II, Irujo, Retegi, Barriola, Arretxe y Urrutikoetxea. Un deportista atrapado en una época en la que AImar e Irujo acaparaban casi todos los trofeos, pero que supo hacerse su sitio. Peleó como otros muchos, Barriola por ejemplo, por recoger las migajas de los dos colosos. La fiesta, ensordecedora, ha sido por todo lo alto, con el manista de pelo a lo mohicano sobrepasado en varias ocasiones. Broche a 7.084 días de carrera deportiva.

Su carisma es enorme, algo que no se adquiere, se tiene, como Titiín y Berasaluze en los últimos tiempos. Un delantero que aprendió en la calle llega a la grada como nadie y engancha con el aficionado como si tuviera imán. El físico no era lo suyo, pero deja para la posteridad su enorme calidad y pundonor. El 5 de octubre cumplía 20 años en profesionales (tiene 37) y pidió a su empresa Baiko que le dejara estirar la carrera hasta ahí, pero no ha podido ser. Es un pelotari con enorme compromiso y tal vez eso, que fuera el primero en dar un paso al frente en la huelga tras el conflicto con la empresa, le ha pasado factura. Su sotamano y las dejadas al 'txoko' han sido parte de un repertorio espectacular. Un jugador muy duro y peleón. Un tipo indómito, un verso libre.

Oinatz a duras penas pudo contener las lágrimas en el partido que ponía el broche a su excelente y extensa trayectoria. Bueno, en realidad luego tiene previsto seguir un poco más, pero fuera de los focos. Estará una semana en México, donde tiene programados varios partidos en abril y en julio se desplazará a Estados Unidos, para jugar algún encuentro. Se despedirá en octubre en la plaza de Leitza, aunque aún le quedan más de 70 partidos hasta esa cita. Valencia también le reclama y se lo está pensando. Son sedes que le llegaron al corazón por su pasado en ellas. 

Como en las grandes ocasiones, la 'bombonera' se puso en pie para recibir a su campeón en el paseíllo inicial, un pelotari que sobrepasó hace un tiempo la barrera de los 1.000 partidos, una cifra al alcance de unos pocos elegidos. La pareja formada por Jaka-Aranguren dio guerra durante los primeros tantos en los que Bengoetxea sacó a relucir sus golpes llenos de brillo para engañar a sus rivales. Los zagueros mantuvieron una fuerte batalla en la que sobresalieron los martillazos de Mariezkurrena. El delantero navarro levantó a los asistentes que poblaron las gradas del frontón situado en el Casco Antiguo de Pamplona. Se pudieron leer numerosas pancartas en apoyo a favor del protagonista de la tarde. Los puntos largos fueron la tónica habitual. Bengoetxea VI sacó a relucir sus famosos ganchos para hacer imposibles los restos de sus contrincantes.

Con el paso de los minutos y los constantes cánticos, los colorados fueron abriendo brecha en el electrónico para cerrar una tarde de carnavales muy colorida que sirvió para despedir a uno de los grandes de la pelota que debutó hace 20 años en este mismo escenario. Al final, victoria por 22-15, con el tanto final de su carrera de saque. Cerró el partido con siete tantos y cuatro fallos. 

Noticias relacionadas

Después llegó un rosario de regalos. Lo primero, un aurresku de honor, a cargo de Iñaki Iza, expelotari y algo así como un hermano, que hizo un esfuerzo sobrehumano porque está muy tocado en la espalda. El cocinero Karlos Argiñano, muy vinculado a la pelota con Baiko Fundazioa, le entregó una foto enmarcada con un 'Eskerrik asko' (muchas gracias) envuelto en pitos. El director gerente del Instituto Navarro del Deporte, Miguel Ángel Pozueta, le regaló una placa. Le pusieron el pañuelico rojo y también recibió una makila (bastón de mando) de manos del presidente de la Federación Navarra de Pelota, Javier Conde. Su primo, Asier García, que le ha acompañado como consejero y botillero en gran parte de esta trayectoria, también aportó una foto enmarcada, de ambos juntos y Oinatz bebiendo. Y recitó un poema. Un amigo íntimo de Leitza le compró una,cadena que se guardó en el bolsillo. Se caló una txapela de su amigo Felipe Uriarte, recibió el abrazo de sus excompañeros de la empresa y escuchó al bertsolari Juan Mari Luze. La camiseta azul enmarcada con la que ganó su primer Manomanista se agolpó entre tantos presentes. Baiko no ha ganado ningún torneo desde que lo hizo él en el mano a mano en 2017.

"Ha sido una fiesta increíble, una bomba, y siento una emoción terrible. Este es el Labrit, un frontón muy especial, por eso le quiero tanto. Quería que el final fuese aquí, aunque tengo que agradecer todas las despedidas. Tras 20 años, no le puedo pedir más a la vida. Es un final perfecto. Me ha llegado al corazón. Muchas gracias a todos por hacerme tan feliz", acertó a valorar. "En la cancha siempre lo he dado todo. Este último mes está siendo muy emotivo para mí. Voy a echar mucho de menos la pelota". Su última mirada antes de abandonar la cancha fue al frontis: lanzó un beso. El terreno de su leyenda.

Etiquetado en:

Te recomendamos en Polideportivo