NATACIÓN

Un ciclo a contrarreloj y repleto de incertidumbres

Los nadadores están "contentos" por competir finalmente en un Mundial este junio aunque reconocen que "hay otros intereses". Munarriz advierte del problema de 2024.

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Emma McKeon.
FRANCOIS-XAVIER MARIT

En septiembre, cuando se preparan las temporadas, la natación puso su foco en mayo de 2022. En Fukuoka (Japón) tendría lugar el Mundial de todas las disciplinas (natacion, aguas abiertas, saltos, waterpolo y natación artística). Pero todo viró en enero. El día 21 se decidió que ese campeonato se posponía a 2023. El día 1 de febrero se hizo oficial, aunque, apenas seis días después, la Federación Internacional de Natación (FINA) sorprendió improvisando un Mundial en Budapest en junio. El calendario está más apretado que el metro de buena mañana hasta los Juegos de 2024: deberán celebrarse tres Mundiales, dos Europeos, un Preolímpico y la propia cita de París. "Una locura", sintetiza Alberto Munarriz, jugador de la Selección española de waterpolo.

La natación se apresura para vivir un ciclo a contrarreloj y lleno de incertidumbre, pues nadie duda de que la FINA puede volver a cambiar de opinión. "Cuantos más torneos juguemos mejor, pero dentro de un equilibrio. Este año hay Mundial, Europeo, Juegos Mediterráneos y Liga Mundial... El principal problema será el año olímpico. El Europeo se debía jugar en enero, pero ahora hay Mundial. Y ese Europeo daba plaza olímpica. ¿Cuándo se jugará? ¿Seguirá dando plaza? ¿Y dónde se mete el Preolímpico?", suelta el waterpolista.

En la misma línea se sitúan los técnicos, los responsables de tejer esa planificación a largo plazo. Xavi Casademont, del Centro de Tecnificación de Málaga, considera que "es un número de compromisos muy elevados y como no tenemos precedentes podemos encontrarnos sorpresas". Paula Ramírez, del equipo de sincro, ve la problemática en "planificar a largo plazo, ya que no sabes cuándo afinar, cuándo subir el volumen...".

Incluso el nadador Joan Lluís Pons, cuarto del mundo en 2019 en los 400 estilos, va más allá: "No solo es un problema de planificación deportiva, también hay muchas cosas en nuestra vida cuyas decisiones van en función de las competiciones", manifiesta. Un ejemplo son los estudios. Un gran número de nadadores escogen asignaturas en función del volumen de trabajo que tendrán en cada temporada.

Plata de la selección masculina de waterpolo en el Mundial de 2019.

Budapest, un Mundial "sacado de la manga"

Tanto Pons como Casademont ve "otros intereses" en la elección de Budapest como sede del Mundial de este 2022, una decisión que "no está tomada pensando en los nadadores, no entiendo la motivación de la FINA con este añadido". "Que haya modificaciones cada dos por tres a pocos meses del evento se hace raro, te crea una sensación de inestabilidad. No sé que interés ahí, pero se sacan cosas de la manga", ahonda Pons. "Es un por un tema de patrocinadores", apunta Munarriz.

Pese a la oscuridad que rodea las decisiones tomadas y el espeso calendario, los nadadores celebran que pueda tener una nueva oportunidad de competir, como argumenta Iris Tío, la joven talento de sincro, que prefiere quedarse con la parte deportiva: "Estamos contentas, tenemos que adaptarnos y creo que tenemos un cierto margen para estar preparadas". También piensa lo mismo su compañera de equipo Ramírez: "Los buenos se quejan, los mejores se adaptan. Estamos tranquilas y con la mente puesta en los objetivos". La patata caliente ahora la tiene la Federación, como finaliza Pons: "A ver qué criterios establecen ahora, no sé que harán".