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Adiós a Navacerrada, un símbolo

El cierre de tres pistas ordenado por el Gobierno aboca a la estación de Navacerrada a desaparecer. Lola Fernández Ochoa y el presidente de la FMDI valoran la decisión.

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Navacerrada
DIARIO AS DIARIO AS

Si nada cambia antes, el próximo 3 de abril dejarán de estar operativas las pistas de Telégrafo, El Bosque y Escaparate. Las más utilizadas del Puerto de Navacerrada, todas en la vertiente segoviana de la estación.

La decisión del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de no renovar la concesión establecida en 1996 por el impacto medioambiental de la explotación, aboca a la desaparición a un símbolo del deporte de invierno nacional. Cuna de campeones como Paquito y Blanca Fernández Ochoa y primera toma de contacto de muchos con la nieve.

Los datos tomados por la estación meteorológica de la zona señalan que desde los años setenta la temperatura media en el puerto ha aumentado en 1,95 ºC y el nivel de nieve se ha reducido hasta un 25%. También que hay 21,6 días de helada y 24,2 de nieve menos cada año. Ante esto, se ha considerado necesario devolver ese espacio, 7,6 hectáreas de las 33.960 que componen el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, a su estado natural.

La noticia ha sido un palo para muchos. Uno de ellos es Antonio Fernández-Coppel, el presidente de la Federación Madrileña de Deportes de Invierno. El cierre de las pistas, asegura, supondrá que se pierdan programas de iniciación de los que se han beneficiado "del orden de 150.000 escolares en los últimos diez años" y una base para "entre 500 y 1.000" deportistas federados. También una opción "más económica que Valdesquí", donde los pases cuestan en torno a 40 euros por los cerca de 20 que se cobran en Navacerrada, además de cientos de puestos de trabajo directos e indirectos y "unos dos millones" de actividad económica anual. "Siguiendo este mismo criterio tendríamos que cerrar todas las estaciones de España", se queja. "Los esquiadores son un 5% de la gente que sube al puerto. Lo razonable sería limitar el acceso", añade.

Opina de forma parecida Lola Fernández Ochoa, parte de una saga íntimamente ligada al puerto (sus padres regentaron la escuela ubicada allí) que puso a España en el mapa de los deportes de invierno. "Me da una pena tremenda. Es la pista de iniciación de todos los madrileños", afirma, aunque reconoce que la zona está "deteriorada", con muchos edificios "abandonados". Ella cree que el problema está en otras actividades como el turismo. "Cerrando las pistas no se va a solucionar", sentencia.