BÁDMINTON

Carolina Marín: "Renuncio a muchas cosas, como salir a tomar un helado"

Carolina Marín dijo este viernes que para alcanzar su nivel tiene que "renunciar a muchas cosas". Su entrenador, Fernando Rivas, dice que cree "poco en los talentos innatos".

Carolina Marín: "Renuncio a muchas cosas, como salir a tomar un helado"
Twitter Carolina Marín

La onubense Carolina Marín, vigente campeona olímpica de bádminton y campeona del mundo en tres ocasiones, aseguró este viernes que para alcanzar su nivel tiene que "renunciar a muchas cosas", como salir a tomar un helado con sus amigos.

Concentrada en el Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada (Granada), la volantista intervino este viernes en un encuentro virtual organizado por la Universidad Alfonso X El Sabio y moderado por su director del área de Deportes y Nutrición, Raúl Notario.

Con él departió durante una hora sobre aspectos claves de su preparación y de su día a día, reveló que su competitividad está presente hasta cuando juega al parchís y ponderó a su equipo de trabajo.

"Yo soy la que gana medallas, pero sin las personas que tengo detrás sería imposible. Mi equipo lo forman tres entrenadores, dos fisioterapeutas, mis compañeros de entrenamiento, mi psicóloga, mi jefe de prensa y mi mánager", comentó.

Carolina Marín explicó que su día a día está marcado por los entrenamientos.

"Hoy, por ejemplo, me he despertado a las 8.00. Me he ido a desayunar y a las 9.00 me tocó la primera sesión de gimnasio hasta las 10.15. A las 10.30 hemos empezado el trabajo en pista. En Sierra Nevada tengo a dos compañeros ayudándome. Con ellos hemos hecho la parte táctica, hasta las 12.30. Por la tarde, empiezo a las 16.00, pero sobre las 15.40 ya estoy en el pabellón para calentar. Por la tarde la sesión es más técnica, hasta las 17.30, y hasta las 19.00 continúo con la parte física. Después, hasta las 21.00, tengo fisio. Ceno y luego ya me meto en la cama hasta el día siguiente. Así de lunes a sábado por la mañana. El sábado por la tarde y el domingo descanso", indicó.

Esa carga de trabajo es, precisamente, la razón de su éxito. "El deporte de alto nivel es muy exigente. Me encantaría salir a tomarme un helado con amigos, pero la mayoría de las veces digo que no. En el deporte de alto nivel se rechazan muchas cosas, por eso tienes que tener las cosas muy claras", apuntó.

Carolina Marín puso en valor asimismo el trabajo psicológico y su competitividad. "Soy competitiva hasta jugando al parchís. Mi abuelita por parte de madre a veces me dejaba ganar porque cuando perdía me enfadaba tanto que dejaba de hablarle", recordó.

Esa búsqueda constante de la victoria, no obstante, le permite acercarse a la consideración de mejor jugadora de la historia. Con cuatro títulos europeos y tres mundiales, le faltaría por conquistar un segundo oro olímpico.

Su triunfo en los Juegos Olímpicos de Río 2016, según afirmó, le permitió ganarse a sus rivales. "Respeto siempre ha habido, pero noté un cambio después de Río. Noté mucha más amistad, como que la tensión se relajó un poco más", dijo.

De cara al futuro, Carolina Marín adelantó que le gustaría participar en algún torneo mixto cuando se retire. Además, seguirá vinculada al bádminton y contempla montar una academia para ayudar a jugadores más jóvenes a seguir su camino.

Fernando Rivas: "Creo poco en los talentos innatos"

El entrenador de bádminton Fernando Rivas aseguró este viernes que no cree "en los talentos innatos", pero sí en la capacidad de trabajo.

En un encuentro virtual organizado por la Universidad Alfonso X El Sabio, el preparador de Carolina Marín explicó que detrás de los éxitos de la vigente campeona olímpica de bádminton, quien asimismo es tres veces campeona del mundo y cuatro veces de Europa, "hay trabajo, esfuerzo y sacrificio".

"Yo creo poco en los talentos innatos. Carolina es quien es por la capacidad de trabajo y por las horas de trabajo que acumula. Además, es quien es porque ha sido capaz de renunciar a muchísimas cosas y eso no lo hace cualquiera. Lo suyo no es talento sino una capacidad de trabajo asombrosa", remarcó.

A la evolución de Carolina Marín contribuye el técnico granadino desde hace más de una década, en la que ambos han ido evolucionando.

Él ha pasado a ser primer entrenador y director del equipo. Trabaja junto a su segundo, Anders Thomsen; el responsable de análisis, Ernesto García; además de los encargados de la fisioterapia y de la preparación física.

"He tenido la suerte de rodearme de gente que a nivel personal y profesional es increíble. Como entrenador, busco a personas que sean mejores que yo en áreas donde yo soy menos bueno", convino.

Él ahora se ha convertido en referencia internacional, especialmente por su método y el estudio y desarrollo de la táctica.

"Con la colación de Movistar, contamos con una aplicación que nos permite tener los datos que necesitamos para cada partido. Hay variables situacionales, pero yo filtro las que son importantes. Carolina es capaz de recordar e integrar mucha información a la hora de preparar los partidos y yo voy comparando cómo se están comportando las rivales durante el mismo. Mi papel es traducir esos números en mensajes que hagan que Carolina pueda jugar y recordar cómo se comporta la rival en determinadas situaciones del juego. Si la rival no cambia su patrón de juego, prácticamente no abro la boca", dijo.

Sí intervino de manera decisiva, sin embargo, en los Mundiales de 2014 y 2015 para cambiar el rumbo de la final.

"Recuerdo especialmente el momento del 11-7 del Mundial de 2014. Le dije: en unos minutos va a sonar un himno y una bandera, la de China o la de España. Si sabes el plan de juego, aplícalo. Y me fui", rememoró.

Esa frase hizo que Carolina Marín reaccionase y acabó conquistando el título.

En 2015 la historia se reprodujo, aunque fue mucho más duro. "Iba perdiendo de 8 puntos en el tercer set. En esa final, le dio por pelear y discutir con el árbitro. Le pegué un grito: ¡Ya está bien! ¿Quieres luchar ya de una vez? Metió diez puntos seguidos, un parcial de 10-0. Pero el grito debe ser el último recurso", reflexionó.

Ahora su propósito es contribuir a que Carolina Marín sea la mejor jugadora de la historia, lo que pasa por reeditar el oro olímpico el próximo verano en Tokio.