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PELOTA

Irribarria se lleva la segunda txapela del Manomanista

Trepidante partido en Miribilla en el que Urrutikoetxea cayó por pequeños detalles: 20-22. El saque determinó en gran medida el partido en el torno más grande de pelota.

Irribarria se lleva la segunda txapela del Manomanista
Javier Zorrilla EFE

El Manomanista es el torneo grande de la pelota, la Champions, el más preciado. Y en ese escaparate, un auténtico fenómeno dejó claro que va a tener mucho que decir en la próxima década. Irribarria ha estado en cuatro ediciones del mano a mano y ya acumula tres finales y dos txapelas, las mismas que Oinatz y a una de Gallastegi y Eugi, que no es moco de pavo. Tiene la mitad que una leyenda como Aimar. Comparte con una decena de pelotaris el honor de tener dos y sólo hay nueve por encima de ese bagaje. Es, además, el pelotari más joven en calarse el trofeo de lana más admirado: con 19 años se lo llevó. El segundo lo ganó tras un partido magnífico en Miribilla, muy duro, ante Urrutikoetxea, con una segunda parte estupenda por su parte. Con 15-10 y Urruti sin grandes fisuras, se vio muy atrás y empezó a arriesgar. Nunca salió del choque, necesitaba a su botillero pero el reglamento lo prohibía por primera vez en la modalidad. Y cuando acariciaba el título (18-21) cometió una falta de saque que liberaron ciertos fantasmas. El colorado aún tuvo tiempo para alojar un cuero en el txoko para el 20-21, pero ahí se acabó el debate. El 20-22 es el tanteo más ajustado del Manomanista desde 1984. Además, el delantero guipuzcoano en 2017 alcanzó el Parejas. 

El zurdo de Arama se impuso en un duelo largo, trepidante y en el que hasta que el último pelotazo del de Zaratamo se fue al colchón del frontis se mantuvo la incertidumbre de quién a iba a ser el rey del mano a mano. Irri juega con el aplomo de un veterano. Su inicio del torneo contra Víctor (curiosamente también 20-22) fue el peor momento y lo demás ha sido un avance imparable hacia la gloria. Los primeros pelotazos fueron una tortura para el azul, con muchos fallos. Un 0-4 poniendo a funcionar su zurda, la mano buena, le dio de las pocas ventajas de las que gozó en todo el encuentro: 4-7. El que cogía el saque dominaba, pero costaba un mundo mover al adversario. Hubo hasta siete empates. Un 8-0 en 24 minutos abrió la primera brecha reseñable: 12-7 para Urrutikoetxea, que buscaba muy bien al ancho la derecha del azul.

Los finalistas, tras el tanto 22

La emoción desbordaba los límites. Los dos eran muy fuertes en el aspecto mental para aguantar el constante bazucazo. Faltaba cierto brillo a la hora de terminar, pero los sotamanos eran bestiales. Los dos finalistas se movían el uno al otro, arrimaban el saque a la pared izquierda, marcaban bien el gancho y las defensas eran de gigantes. El descanso largo obligado en el 12 le vino de perlas al de Arama, para estrechar de nuevo el marcador: 12-10. Pero el colorado agarró  de nuevo la iniciativa y un gancho perfecto le llevó al 15-10. Los detalles decantaron una batalla tan pareja. Con empate a 18, Urruti cometió un error clave. Tenía una pelota franca pero se posicionó mal y se la dejó muerta a Irri. Como gato agazapado, éste esperó la ocasión y mandó uno de sus descargas imposibles de atrapar. Sexta txapela seguida para Aspe.

285 pelotazos.

Tiempo de la final: 1:02:23 (12:30 real).

Urrutikoetxea: 8 tantos (3 de saque) y 7 fallos.

Irribarria: 15 tantos (4 de saque), 9 fallos.

Evolución del marcador (saque Urrutikoetxea, de colorado) fue: 2-0, 2-2, 3-2, 3-3, 4-3, 4-7, 12-7, 12-10, 15-10, 15-15, 17-15, 17-18, 18-18, 18-21, 20-21 y 20-22.