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Nuria Cabanillas: "La rítmica me enseñó a no rendirme"

GIMNASIA RÍTMICA

Nuria Cabanillas: "La rítmica me enseñó a no rendirme"

Nuria Cabanillas junto al cartel de la XI edición de su campus internacional de gimnasia rítmica

Nuria Cabanillas

Una de las mujeres más jóvenes en hacer historia en el deporte español. Nuria ganó la medalla de oro por conjuntos en los Juegos de 1996.

Atlanta 1996. España gana por primera vez la medalla de oro olímpica en gimnasia rítmica. Las Niñas de Oro se convertían así en un hito para la historia de nuestro deporte. Nuria Cabanillas era una de sus integrantes y con tal sólo 16 años llegó a lo más alto de su disciplina. Ahora, más de veinte años después, repasa con AS ese momento trascendental, su vida después de retirarse y el futuro de la gimnasia rítmica en España.

¿Qué le lleva a una niña a querer dedicarse a la gimnasia rítmica, algo que requiere tanta dedicación?

"Yo empecé con siete años, un poco tarde para lo que es la rítmica. Es mejor más pronto, con cinco o seis añitos, por cosas como la elasticidad. Mi madre hacía gimnasia de mantenimiento, me gustaba bailar y lo más parecido era la rítmica. Me apuntaron y tuve un buen técnico. Después, vieron que tenía condiciones y me pasaron a un club de tecnificación".

¿Cuánto esfuerzo hay detrás de la medalla de Atlanta? ¿Mereció la pena?

"Hay mucho esfuerzo de todos, empezando por la familia, que teniendo 14 años depositaron toda la confianza en la federación. En cuanto a mí, evidentemente es un esfuerzo estar fuera de casa, ser muy constante, entrenar muchas horas…pero como me gustaba yo no veía tanto esfuerzo como a lo mejor puede verse desde fuera. Entrenaba mucho sí, pero competía, que era lo que me gustaba. Los técnicos también nos dedicaron mucho trabajo. Estábamos todas en una casa (convivió con el resto de las componentes del equipo en un chalet) y éramos como una familia. Emilia Boneva (la seleccionadora nacional) era dura con nosotras pero también era como una segunda madre. Ella y su familia nos cuidaban como si fuéramos sus hijas".

"Para mí, sí mereció la pena. Los años que estuve viajé, fui a sitios que tal vez no hubiera podido visitar nunca, conocí a chicas de otros países… Suponía muchos sacrificios, como no estar en casa en Navidad, concentraciones en las que no podíamos ver a los padres, etc. Pero conseguimos el objetivo que nos marcamos. Tuvimos suerte de ganar la medalla, pero la suerte no llega sin trabajo y constancia. Todo lo que viví me sirvió para la vida: me enseñó a no rendirme y a tener objetivos".

Después del oro olímpico, ¿cómo le cambió la vida?

"Lo duro fue la vida real: con 15-16 años llegas a lo más grande y tienes una etapa en la que parece que va a ser siempre así. No tuvimos una preparación psicológica que nos orientara en el éxito. Antes de la medalla, nos decían todo lo que teníamos que hacer pero después no. Hay un choque muy grande, hasta tus amigos te tratan como una campeona".

"Lo más difícil llega después del deporte. Vas madurando con valores como el sacrificio pero, por ejemplo, en relaciones de amistad o de pareja sigues siendo una niña. Piensas “¿y ahora qué hago?”. Yo seguí dedicándome a la gimnasia. Tuve la suerte de contar con el apoyo de mi familia y de tener buenos amigos. Ahora se preocupan mucho más por los deportistas".

¿Cuándo y por qué tomó la decisión de retirarse?

"Hubo un poco de desencanto. No lo hice en el momento que hubiese querido hacerlo".

¿Qué vida lleva una gimnasta cuando se retira del nivel profesional?

"Sufres un periodo de adaptación, como lo padece alguien que se ha dedicado toda la vida a hacer algo que le gusta. Ahora, esa estapa está más controlada y es más suave, por ejemplo, con bolos, conferencias, exhibiciones… En nuestra época, se cortaba radicalmente. Y te encontrabas pensando '¿qué quiero hacer en mi vida?'. Algunas chicas estudiaron Educación Física, otras se dedicaron al pilates, pero a todas nos ha costado. Lo que te ayudó en la gimnasia, como la constancia, termina saliendo y buscas algo que te motive".

"Si mi hija quiere dedicarse a la gimnasia rítmica, la apoyaré"

Nuria Cabanillas

Cada año dirige un campus internacional de gimnasia rítmica, ¿cómo lo vive?

"El campus es uno de los proyectos que me habría gustado tener a mí en mis años de gimnasta. Cada año intentamos llevar a técnicos o personas de referencia dentro de este mundo para que hablen con las niñas. Este año ha estado con nosotros Ana Bautista. Incidimos mucho en la coreografía. Llevamos ya once ediciones y la verdad es que cuesta mucho, porque el equipo que lo montamos es muy reducido, y no nos queda otra que ir tirando de la familia y los amigos para que nos echen una mano. Es duro sobre todo por los medios económicos, que al depender de las subvenciones, con la crisis se han reducido".  

¿Y si su hija quiere dedicarse a la rítmica?

"Físico desde luego que tiene. La apoyaría siempre. Eso sí, no podría ser su entrenadora porque no me hace mucho caso (risas) y no sé cómo llevaría que fuera su madre y su profesora. Hay compañeras que no quieren que sus hijas se dediquen a esto porque saben lo que conlleva pero yo intento enseñarle cosas. Si le gusta, pondremos todos los medios necesarios. Pero ya la inculcaría que hay un después. Me haría ilusión". 

¿Cuál es el futuro de la disciplina en España? ¿Las subcampeonas en Río pueden dar más alegrías?

"Al Mundial ya fueron niñas nuevas. Las chicas de Río están en un periodo de transición: operándose de lesiones, aprovechando el tirón, disfrutando del momento... Hay mucha cantera pero creo que los ejercicios no están al nivel de Italia, Rusia o Bulgaria, que también son equipos nuevos. Las niñas que vienen son buenas. Si los resultados han sido positivos, hay que mantenerlos".

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