“Es muy difícil perder dinero con la celebración de unos Juegos”

OLIMPISMO | JUAN ANTONIO SAMARANCH

“Es muy difícil perder dinero con la celebración de unos Juegos”

Juan Antonio Samaranch Salisachs.

RAFA APARICIO

DIARIO AS

Juan Antonio Samaranch Salisachs es vicepresidente del Comité Olímpico Internacional. En el 25º aniversario de los Juegos de Barcelona, donde su padre jugó un papel clave, analiza la situación del movimiento olímpico en la actualidad y los problemas que atraviesa.

-Los Ángeles y París se quedarán con la celebración de las dos próximas ediciones de los Juegos. ¿Cómo explica la crisis de vocación olímpica?

-Es una crisis del mundo occidental. Sí que hay una demanda tremenda por parte de Oriente. Pero es verdad que, con la crisis económica, en Occidente han nacido muchísimos populismos. Da igual que sean de derechas o de izquierdas, son movimientos de resistencia a todo, muy noístas. ¿Queremos hacer un hospital? No. ¿Una autopista? No. ¿Unos Juegos Olímpicos? No, mucho menos.

¿Esto es coyuntural?

Nosotros también somos culpables por no haber sabido explicar las grandes ventajas de los Juegos para las ciudades.

-¿Es rentable para una ciudad celebrar unos Juegos?

-Si lo mira desde el punto de vista económico, es muy difícil perder dinero hoy en día con la celebración de unos Juegos. Ahora bien, los Juegos son muy complejos. Hay dos presupuestos. Uno que es el propio de organizarlos, y otro que es de infraestructuras que las entidades promotoras quieran llevar adelante para que, además, persistan en el tiempo. Barcelona, por ejemplo, fue muy caro. Las rondas, el aeropuerto, el abrir la ciudad al mar. Londres hizo un gran esfuerzo: reconstruyó una parte de la ciudad que estaba abandonada y el este es una zona, ahora, de mucha afluencia y éxito.

-¿Y el presupuesto propio de los Juegos?

-Es muy difícil que no se recupere el gasto... Los de invierno tendrían que costar, con la nueva agenda, por debajo de los 1.500 millones de dólares. Y los de verano no deberían superar los 4.000 millones.

-¿En qué se traduce la flexibilización de la elección de las sedes por la que ahora apuesta el COI para atraer candidaturas?

-Mire, el COI dará a Tokio, para los próximos Juegos, cerca de 1.800 millones para ayudarles. Casi la mitad de lo necesario, aunque Tokio, siendo un país más caro, va a rondar los 5.000 millones, siempre de dólares.

-Entiendo...

-El caso es que, entre lo que nosotros le damos, el márketing y las entradas que se pueden vender, los Juegos se mantienen por sí mismos.

-¿Cuánto dinero tuvieron que poner en Río?

-Pues hemos ayudado de todo corazón en muchas cosas. Pero el presupuesto inicial de nuestra ayuda, que luego se superó, era de 1.550 millones.

¿Cómo ha escapado Río del evento?

-Hay informes. El país está en una situación política tremenda. Cae el nuevo presidente como cayó el anterior y la situación económica es muy difícil. Pero mire, en Río, menos del 20% de la población podía ir a trabajar en transporte público y hoy se acerca al 70%. La calidad del agua es mucho mejor, el tratamiento de residuos... Hay un antes y un después de los Juegos allí.

-¿Qué problemas tenía el anterior sistema de elección?

-Era demasiado largo, demasiado complejo y demasiado caro. El nuevo será máximo dos años. Las ciudades se acercarán a nosotros y pondremos a su servicio todo un departamento del COI para ayudarles a entender y a acabar de rematar su proyecto. Esto implica ahorro, optimización de instalaciones pero, sobre todo, darles el argumentario para que puedan combatir a las fuerzas del no. Porque luego empieza el noísmo y los que querían emprender la aventura no tienen los datos para decir: “No, esto no es verdad”.

-Habla de populismos y no de un sentimiento de la sociedad... ¿No es simplificar demasiado?

-Yo creo que hay pequeñas partes de la población, que tienen mucha importancia, altamente movilizadas. Se dice que no a muchos proyectos a través de referéndums y otros sistemas. No creo que ni París ni su alcaldesa puedan ser considerados como unos gerifaltes y tal... Es gente sensata que celebró hace poco el día olímpico y pusieron más de un millón de personas en la calle apoyándolos. No creo que la sociedad esté dando la espalda al movimiento olímpico, muy al contrario. En este momento en el que nadie se pone de acuerdo en nada, los ideales olímpicos son de las pocas cosas que hay que unen a la gente, que permiten darse la mano.

-¿Se le ha pasado por la cabeza que llegue el momento de que ninguna ciudad se presente y tenga que ser el COI el que busque las sedes y se implique más?

-Yo creo que no va a pasar. Veo el péndulo muy escorado en un sitio y moviéndose ya en la dirección adecuada. Es verdad que perdimos a las candidaturas de Hamburgo, Budapest y Roma y nos quedamos con dos maravillosas, Los Ángeles y París, así que no podemos ser ciegos ante lo que pasa y por eso, como le digo, hemos tomado medidas.

-Y han ganado tiempo dando los dos próximos Juegos a esas dos candidaturas...

- Eran dos grandísimas sedes. Ante la perspectiva de tener que elegir a una y poder perder a la otra, hemos pedido permiso para poder negociar con ellas y sacar un acuerdo para que ambas sean sede en dos Juegos consecutivos. Pero no se ha hecho por miedo, sino porque era una oportunidad única. Nos viene Tokio, Los Ángeles y París... Eso da una estabilidad maravillosa.

-¿Descarta la idea de unos Juegos en Madrid?

-No, no... Para nada. Pero los proyectos olímpicos tienen que liderarse desde la alcaldía. Para las fechas que hablamos Madrid podría recibir más de 2.000 millones de dólares para la organización. Cuando alguien crea que eso es una cosa buena para la ciudad, Madrid tiene muchas posibilidades, claro que sí.

-¿Qué falló en las tres candidaturas anteriores?

-Fue un poco dramático, sobre todo para esa masa social que consiguió entusiasmarse hasta tres veces. Yo creo que los tres proyectos eran extraordinarios, pero nos acabó ganando alguien que ilusionó más.

-En lo económico, ¿hay transparencia en el COI?

-Hace unos días estuve en una conferencia desgranando todo lo que ingresa el organismo, y me sorprendió que hubiera gente a la que eso le resultara novedoso. ¡Todos los datos están en la memoria anual! ¡Todos! No conozco ninguna entidad pública y muy pocas compañías cotizadas del IBEX que tengan un nivel de transparencia y detalle como nosotros. Viene hasta el último céntimo que cobra el presidente, hasta la última dieta...

-¿Ha llegado el COI al techo del dinero que puede generar?

-En la última olimpiada, entre 2013 y 2016, el COI generó 5.700 millones de dólares de ingresos por los Juegos de Invierno de Sochi y por los de Río. Si lo comparamos con las cifras de hace cuatro olimpiadas, las del período 2001-2004, hemos doblado nuestros ingresos. De esos 5.700 millones de dólares, 4.200 son ingresos por los derechos de televisión, que además casi la mitad viene de un solo país, EE UU, 1.000 millones, por los patrocinadores, y los 500 millones de dólares restantes por otros conceptos como los derechos de mercadotecnia. En nuestro caso, las finanzas son relativas, porque repartimos el 90% de lo que generamos al movimiento olímpico.

-El objetivo, claro, no es acumular patrimonio...

-Todas nuestras actividades y sueldos de los que estamos en el COI, en el que trabajarán unas 400 o 500 personas, cuestan 170 millones de dólares al año. Eso con viajes, comisiones, etc. Luego hay que contar con que cerca de 2.000 millones se van para la organización de los Juegos, que cerca de 1.500 se van por mitades a las Federaciones, para que puedan desarrollar su deporte, y a los Comités Olímpicos Nacionales.

-¿Cómo se organiza ese reparto?

-Con cuidado... (risas).

-Lógico. ¿Cuántos países forman el COI?

-Más de 200. Alguno hay suspendido porque se ha portado mal.

¿Por haberse portado mal?

-Casi todas las suspensiones que se han producido son por injerencia política.

-¿Es de la opinión de que los comités y las federaciones no pasen filtros?

-No, a ver, el COE se debe ajustar a la Ley, como no puede ser de otra manera.

-¿Y las Federaciones sólo deben responder ante la Internacional de su rama?

-Las federaciones deben responder a la Ley de su país y luego a la Federación Internacional en lo deportivo. Otra cosa es que si un país entra en la independencia del deporte para politizar la gestión de las entidades que están bajo nuestro paraguas, nosotros tenemos la obligación de poner un alto y decir: “No, es que nuestro dinero ni labor está aquí para que usted las politice”.

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