Plata para Ona, vigésima medalla y a un punto de Rusia

NATACIÓN | MUNDIALES BUDAPEST

Plata para Ona, vigésima medalla y a un punto de Rusia

Ona Carbonell compite en la final individual de rutina libre de natación sincronizada en los Mundiales de Budapest.

CHRISTOPHE SIMON

AFP

La española mejoró en un punto su registro con una emotiva coreografía de Edith Piaf (95.0333) a poco de la rusa (96.1333) e iguala en medallas mundiales a Mengual.

Budapest

En un día de abanicos, de sudor y lágrimas, junto a un entorno idílico en el Parque de la Ciudad de Budapest, que dejó boquiabierto a las chicas de sincronizada desde el primer entrenamiento, Ona Carbonell logró una de las mejores medallas de su carrera. Una plata emotiva en la rutina de solo libre, la que le encanta a la barcelonesa, donde se desata las cuerdas de los elementos técnicos obligatorios y puede lucir sus mejores habilidades. La vigésima medalla de Ona, la que le iguala a Gemma Mengual en Mundiales, sirve además como aviso a Rusia.

Fue la última en salir, ese puesto que quieren todas las nadadoras: el aspecto emocional también ayuda a mejorar la nota de los jueces. Las notas del tema Padam Padam de Edith Piaf resonaron en Budapest y Ona se sumergió en la piscina. Se movió con la naturalidad de un pez, sintiendo la música, bailando en el agua, acompasando cada frase de Piaf con sus delicados pero decididos movimientos. Disfrutó Ona en cada gesto con los aplausos de los espectadores de fondo y superó la barrera de los 95 puntos (95.0333) entre sonrisas.

A la Ona artística y elegante se le ha unido una nadadora más fuerte, potente, con masa muscular, capaz de volar como un delfín pero también ser tiburón cuando sea necesario. Esa mezcla le ha hecho mejorar la nota año a año hasta consolidarse como una de las mejores solistas de la última década, capaz de ganar medalla por tercer Mundial seguido, algo al alcance de muy pocas a lo largo de la historia.

Por delante solo quedó una Kolesnichenko que no es inalcanzable (96.1333), pero que en su debut internacional como solista, después de recoger el testigo de Ischenko y Romashina, se ha mostrado infalible y no solo por su nacionalidad. Su potencia en la rutina de solo libre es una muestra. Con menos expresividad que Ona, la robotización de sus figuras es perfecta, con ese movimientos de piernas inacabables y esa altura que le hace emerger más de medio cuerpo de las profundidades acuáticas. Sus piernas eran acordes y la piscina un pentagrama.

Por detrás de Ona sigue pisando fuerte la ucrania Anna Voloshyna, cuyos 93.300 la distanciaron de la japonesa Yukiko Inui (92.066). La espigada nadadora europea, como Kolesnichenko o Carbonell, tienen esa elegancia en el agua, esa presencia que le hace mantenerse en el bronce y acercarse poco a poco al grupo actual de divas de la sincro. Ucrania ha mejorado en los últimos años en impresión artística, lo que le ha hecho catapultarse en dúos y equipos, y además cuenta con Voloshyna como estandarte. Otra gran rival para la histórica Ona. Una nadadora única.

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