"Todavía me falta volar sobre el K-2 en globo"
El 31 de diciembre recogió sus cosas, después de 41 años, y se fue de TVE. Un ERE dejó en la calle al director de 'Al Filo' con 58 años, tras 27 filmando lo imposible. Él seguirá sus excursiones. Sebastián Álvaro abrió sus recuerdos a AS para elegir las cinco aventuras que siempre irán con él.


¿Guarda recuerdos de cada uno de sus viajes?
Con once al año no puedo traerme algo de cada lugar. Guardo fotos, unas 200.000, y mapas, de todas las rutas. Tengo uno de los primeros que hubo de la Antártida, es del siglo XVI. Eso es lo que me hace soñar.
¿Pensó que llegaría a ver el mundo desde tantos sitios?
No, al principio debíamos verlo a corto plazo. Fue fundamental. Y trabajamos, cubrimos expediciones, ochomiles... pero sin una concepción global. Con treinta programas, ya éramos referentes y comencé a tenerla.
Sí, 'Al Filo' era referente...
Y lo seguiremos siendo. Aunque desaparezca de TVE, primero seguirá viviendo de su inercia. Hicimos 330 capítulos y hay montados 15, que tendrán que estrenar tras irme yo. Pero, cuando pase el tiempo, la gente seguirá teniendo la referencia de Al Filo como la sigue teniendo de Félix Rodríguez de la Fuente. Los mejores documentales son los que sobreviven al tiempo.
¿Cómo llegó a 'Al Filo'?
Por casualidad. Trabajaba en TVE, llevaba 13 años, había pasado por todas las profesiones y trabajé con Miró, con Cuerda, con la gente que mejor hacía televisión, cuando TVE era una de las mejores del mundo. Y un día, un montañero de mi club me propuso hacer una película sobre escalada libre en roca.
¿Ya sentía esa pasión por la aventura?
Ya sabía qué quería hacer. Era el momento. Hicimos el documental en Súper 8, amateur pero con técnica cinematográfica, y tuvo mucho éxito. Me invitaron a una expedición al Himalaya, en 1981, y se lo conté a un jefe: "Si me dejas una cámara de 16, te traigo un documental". Me dijo: "Si estás dispuesto a jugarte la vida por filmar una cosa para tele...". Y fui, claro.
¿Y qué tal fue?
Gigantesca para nuestras fuerzas entonces. Éramos demasiado novatos, sin experiencia en el Himalaya. Pero salimos vivos y no demasiado mal. Fue la primera vez que una expedición española atacaba dos ochomiles. Subimos hasta 7.300 metros, abrimos una ruta nueva, filmamos muy bien y el documental le gustó tanto a mi jefe que me dijo: "Y ahora, qué". Propuse hacer una serie, 13 documentales.
¿Tuvo claro desde el principio el título de 'Al Filo'?
Barajé varios. Filmando lo Imposible lo deseché por obvio y porque el protagonista no era quien filmaba. Por aproximación se quedó Al Filo de lo Imposible. En estos 27 años hemos consolidado la marca. Un ejemplo fue Esther Sabadell, que, después de romperse la cadera en dieciséis trozos, después de que le dijeran que no volvería a caminar, recorrió los 800 kilómetros del desierto Líbico. Ha habido muchos como ella. Juanjo, al que le cortaron siete dedos; Juanito, que perdió todos los dedos de los pies; Atxo, que muri Alberto, cuyo hermano murió en el ochomil número doce y él acabó los otros dos. Gente resistente, tenaz, con coraje.
El Everest no le gusta...
Está muy masificado y no es bonito, negruzco, batido por los vientos. No tiene una estructura piramidal como el K-2, la montaña que pintaría cualquier niño, que ves desde lejos y ya te da miedo. En el Everest no tienes que escalar, puedes llegar caminando. Al K-2, no. Es difícil llegar a la cumbre, pero tanto o más bajar. Sólo tiene 230 ascensiones; el Everest, 3.500. Uno de cada ocho muere en el descenso del K-2. Es como jugar a la ruleta rusa.
¿Llegó a temer por su vida?
En seis ocasiones mucho, muy rozando. Hay veces que sabes que estás en historias de mucho riesgo. A veces, depende de tu fortaleza, pero ésta se acaba, hasta el más fuerte puede morir intentando un ochomil. Se pasa miedo, pero el miedo al miedo es peor que el miedo a secas.
¿Qué ha sentido ante la prejubilación?
Tristeza. Llevo 41 años en la tele. Entré con 17 y me voy con 58, sería un insensible si no notara nada. Pero no se acaba la vida. Me lo dieron hecho, me despidieron, no elegí dejar Al Filo. Alguien que no conozco nos puso en la calle. Yo empezaré otra vida y será igual de fructífera, eso seguro.
¿Y ligada a la aventura?
Un burócrata podrá despedirme, pero no cambiará mi vida.
¿Imagina su vida sin 'Al Filo'?
Ya no. Por eso, a pesar de lo que digan mis jefes, voy a seguir. Hay una frase que dice: "Sólo hay dos hombres: los que viajan y los que se quedan en casa a ver pasar la vida". Yo no puedo ver pasar la vida. En estos años en la tele cuántas veces me ofrecieron quedarme en un despacho y siempre dije no. Nunca quise eso. Quería esto.
Usted le ha mostrado el mundo a mucha gente...
Y no haré otra cosa que Al Filo y si éste muere, muere como lo ha hecho. Ya no tenemos cabida en la tele, pero Al Filo siempre será lo mejor de ella.
¿Le falta algo por alcanzar?
¡Mucho! Sobrevolar el K-2 en globo, por ejemplo. Y lo haré.
Las cinco aventuras elegidas por Sebas
Descenso de barrancos. Isla Reunión y accidente en Isla Guadalupe. "En 1987, hicimos un programa de descenso de barrancos y en 2002 tres ertzaintzas, uno de ellos guía, me propusieron descender el de Isla Reunión, el más difícil de la Tierra, el agujero de hierro. Y lo bajamos. Al año me dijeron de ir a Isla Guadalupe para descender uno por primera vez. Los protagonistas eran el ertzaintza guía y una alpinista nuestra, Esther Sabadell. Sufrimos un accidente mortal. Se nos cayó una pared de cien metros y se mató el chico. Ella se rompió en dieciséis trozos la cadera y el brazo en tres. Le dijeron que no volvería a caminar. Pero dos años y medio más tarde, Esther cruzó con nosotros el desierto Líbico".
Vuelo sobre volcanes. Sorteando cráteres desde las raíces del cielo. "Subimos los volcanes más altos y los bajamos volando. En dos años, recorrimos el Licáncabur y el Lascar, el Popocatepeti, el Stromboli, el Callaquí, el Villarrica, el Ojos del Salado y el Teide. En Stromboli está Vulcano, que da nombre a todos los volcanes y es el final de una novela de Julio Verne. Saltamos en ala delta y parapente. Tuvimos un accidente muy grave en Licáncabur: a un compañero le entró el parapente en pérdida y se rompió un tobillo y un hombro; en el Villarrica un fuerte viento estuvo a punto de meternos dentro del volcán y en el Lascar sobrevolé la caldera, tan activa, que a los seis meses explotó y mandó las cenizas a mil quinientos kilómetros de distancia".
K-2. El símbolo de 'Al filo': De 1983 a 2004. "Esta montaña marca nuestra historia. Simboliza nuestra trayectoria, de una cosa hecha al principio, en 1983, con pasión, pero sin conocimiento, a un equipo maduro, capaz de hacerlo bien, como en el 2004. Después de 1983, lo perseguimos once años. En 1994, lo coronamos, pero en el descenso perdimos a un compañero. Era la primera vez que moría alguien de Al Filo. En el 2004 volvimos, subimos y filmamos más de una hora por encima de ocho mil metros. Al bajar tuvimos un gravísimo accidente con Juanito y Edurne, pero logramos el rescate más rápido del Himalaya. En 48 horas estaban con nosotros. Juanito perdió los dedos de los pies y Edurne dos, pero salvaron su vida".
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Desierto líbico. 800 kilómetros en el gran mar de arena. "Es el extremo a la Antártida. Lo hizo un alemán en 1874 y, desde entonces, nadie. Los egipcios que lo conocían pensaron que estábamos locos por atravesar 800 kilómetros caminando. Nos acompañaron siete beduinos con camellos. Hacíamos casi cuarenta kilómetros cada día. Tardamos 29 y, al acabar, descubrimos la cueva de los nadadores de Almasy, unas pinturas que hablan de nuestra profesión, de contar historias, de la comunicación. Encontrar pinturas de gente nadando en el desierto es sorprendente. Están datadas de hace siete mil años, quiere decir que donde hoy no crece una brizna de hierba, había una vegetación similar a la que ahora hay dos mil kilómetros al sur".
La Antártida. 4.500 kilómetros en un catamarán polar. "El lugar más frío, más desolado, más bello. Es otro planeta, 7.000 kilómetros, con un espesor medio de hielo de 4.000. Te sientes vulnerable, frágil, muy pequeño. Estuvimos tres o cuatro veces. Fuimos al Polo Sur, escalamos las montañas más altas, les pusimos nombres españoles y, en 2005 y 2006, la atravesamos de punta a punta por la Antártida Oriental, donde no había pisado nadie antes, tan desconocido como un paraje de la Luna. Fuimos en un catamarán que diseñamos durante seis años, con el que atravesamos 4.500 kilómetros. Fue la travesía más larga en la Antártida con esas condiciones. Aún tenemos el récord del mundo de recorrer en un solo día más de 450 kilómetros".