Balonmano - Copa del Rey | Ciudad Real 31 - Barcelona 30

Jonas Kallman desata la euforia del Ciudad Real

Marcó el gol del título a cuatro segundos del final del encuentro

<b>TRICAMPEONES. </b>El Ciudad Real volvió a demostrar por qué es uno de los mejores equipos de Europa tras apuntarse su tercer título de la temporada en un final de infarto.
Enrique Ojeda
Actualizado a

Juega de extremo, mide dos metros y tiene un brazo de lateral. Es Kallman, el elemento sorpresa, a quien le cedieron la responsabilidad del golpe franco a cuatro segundos del límite (30-30). Y gol del sueco, que entró entre las piernas de Kasper en la portería azulgrana. Punto final y segunda Copa del Rey para un Ciudad Real que también ganó la primera ante el Barcelona. Tercer título del curso (tras la Copa Asobal y la Supercopa) para el cuadro de Dujsebaev, que lo tuvo que sudar porque el Barça nunca se entregó, y eso que por momentos estuvo fuera del partido.

Fue una final auténtica entre dos cuadros poderosos, pero el choque transcurrió por unos caminos excesivamente broncos con la anuencia de un arbitraje extraño, como si el reglamento se atemperase cuando se juega un título. Algún día ocurrirá una desgracia. La dureza se valora, pero la violencia habría que desterrarla. Y en esa tesitura desapareció Rutenka más tiempo de lo que el Ciudad Real se lo puede permitir, y de ahí que el Barça, de estar sentenciado en el descanso (19-15) estuviese peleando por el título 10 minutos después (21-21, min. 40).

Resultó un choque marcado por las estrategias. Por ejemplo, Cadenas había reservado a Chepkin para la final por si Talant colocaba a Urios, que jugó todo el encuentro por la lesión de Laen. Fue un espectáculo ver al hispano-cubano buscándose la vida emparedado entre Nagy (2,09 metros) y Chepkin (2,08 metros). Cuando está Urios, la primera línea manchega juega mejor, pero ayer muchas veces se acababa por el extremo y allí Kallman fundía a los porteros con sus roscas.

Dujsebaev también cambió su táctica en función del Barcelona. Nada de tres cambios ataque-defensa. Uno, (Dinart por Urios) y listo, porque sabe que los azulgrana corren como galgos desde que Cadenas les ha metido gasolina en los entrenamientos. Ahora bien, la primera parte la decantó Sterbik, con 9 paradas frente a las cinco de Losert y Kasper.

Reacción.

Cuando el Ciudad Real tenía encarrilado el choque, cuando Laporta en el palco mantenía el ceño fruncido, apareció el mejor Barcelona. Goles de Nagy, de Lozano, paradas, y el cuadro de Talant confundido. Total, en un pis pas había partido, incluso en plena depresión manchega los azulgrana tomaban ventaja. Fue un espejismo porque enseguida se equilibró el choque. Ya no se repartían saludos, y entre Urios y Chepkin saltaban chispas, y por fin apareció un enrabietado Rutenka para tirar del carro.

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Ahora era el Ciudad Real el que parecía embalado al título, y surgió Rocas. Tres goles seguidos del extremo internacional, colocando balones imposibles entre Sterbik y el palo, acompañados por dos acciones imposibles de Kasper ante Urios y ante Stefansson, y 30-30 en el marcador con medio minuto por delante.

En un plantel en el que sobran laterales con buen disparo de nueve metros, todo el Ciudad Real fió el título por la vía rápida y evitar la prórroga al rubio Kallman. Medio equipo le hizo la pantalla para evitar el bloqueo azulgrana, y Jonas, en salto, soltó el trallazo de la final para delirio de las peñas de su equipo que tocaron al cielo de la mejor manera: en el último momento y ante un gran rival como el Barça.

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