Opinión Tomás de Cos

El talento se impuso a la fuerza

Tomás de Cos
Director Adjunto de Estrategia
Director adjunto de estrategia en Diario AS. Media vida en AS.com como redactor, bloguero, portadista, jefe de producto, editor jefe de América, subdirector o director de estrategia digital y expansión internacional. Impulsor de las ediciones internacionales de AS y sus verticales. Amante del deporte y sus valores. Fanático del tenis.
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Otra vez, apoyado en la tenacidad de la lógica. ¡Y ya van once!, de doce ocasiones en las que Federer y Roddick se han enfrentado. Tres de ellas en finales de Grand Slam, las tres con el mismo resultado final: el ‘jugador total’ recogió la copa de ganador y el bombardero de Nebraska sostuvo, incómodo y resignado, casi ausente, el plato de subcampeón.

En un US Open especialmente emotivo, con la retirada de dos mitos de la raqueta como Andre Agassi y Martina Navratilova, ésta última sumando su quincuagésimo noveno título de Grand Slam a un mes de cumplir el medio siglo, Roger Federer sigue alargando su leyenda. A Roddick no le bastó con el apoyo de los 23.000 incondicionales que abarrotaban y alborotaban la pista central Arthur Ashe –por momentos parecía un encuentro de Copa Davis-, ni con romper la bola en cada servicio, ni con las sabias directrices de ‘Jimbo’ Connors, su nuevo entrenador.

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‘Míster precisión’ sigue siendo inalcanzable, al menos de momento. Por su superioridad técnica, su fiabilidad, su potencia, su agresividad y su mentalidad ganadora. Por su contundencia desde el fondo de la pista y su definición en la red. Porque sabe reservarse los ‘aces’ para los momentos de apuro –hace tantos como el mejor cañonero- y dominar a sus rivales con insultante facilidad. Sólo Nadal parece haber encontrado la tecla adecuada: desquiciarle obligándole una y otra vez a ganar cada punto. Pero para eso hay que tener las piernas del milagro del Cola-Cao.

Con 25 años recién cumplidos, y en presencia de su amigo Tiger Woods -¿Dios los cría y ellos se juntan?-, el suizo de oro cosechó su noveno ‘grande’ (en su décima final) y se convirtió en el primer jugador de la historia que hace un triple doblete consecutivo en Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos. Una victoria que le permite acabar como número uno por tercera temporada consecutiva. En momentos de despedida como los mencionados (Agassi y Navratilova), o el del propio Michael Schumacher en la Fórmula Uno, reconforta saber que el deporte no se queda sin referentes.

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