Un soplo de aire
Buenas noticias para el ciclismo español: Freire tiene un discípulo. Se llama Fran Ventoso, tiene 24 años y también es cántabro. Ayer sorprendió a los favoritos habituales y ganó al estilo de los grandes. De la Fuente, Duclos-Lasalle y Franzoi fueron los héroes sin premio de la jornada.

El cambio climático está provocando que se derritan los casquetes polares y los cascos de los ciclistas. El efecto invernadero amenaza con gratinarnos. Pero si al calor unimos la práctica deportiva en agosto y en la sobremesa extremeña, la amenaza se convierte en provocación. Ayer la temperatura alcanzó los 42 grados, lo que tampoco debería asombrarnos en estas latitudes. Lo es más que la organización eligiera el trayecto para programar la etapa más larga de la carrera: 219 km a través de nuestra esplendorosa sequía.
Como los ciclistas no temen más que a Dios, a la muerte y a los vampiros no se encogieron; al contrario, se alargaron. En concreto, tres valientes: David de la Fuente, Herve Duclos-Lasalle y Enrico Franzoi.
El primero es bien conocido. Fue el ciclista más combativo del pasado Tour de Francia, vistió siete días el maillot de la montaña y descubrió su empeño por hacerse un nombre y encontrar una novia. Las azafatas, estiradas, no aceptaron. Ya caerán porque pertenece a esa nueva hornada de ciclistas encantadores.
El mayor mérito de Herve Duclos-Lasalle es ser hijo de Gilbert, dos veces ganador de la París-Roubaix (a los 38 y 39 años). Como Herve tiene sólo 26 años habría que suponer que lo mejor está por llegar. Pero tampoco somos muy optimistas. No es sólo que el talento no se herede, es que se rebaja. A falta de apellido, Franzoi (24 primaveras) tiene tiempo por delante.
La escapada, dramática como un viaje en patera por el desierto, parecía condenada desde el primer momento, mucha etapa y muchos sprinters todavía. Sin embargo, el ejemplo de Pereiro latirá durante algún tiempo en los pelotones. A veces suena la flauta. Y en el caso de que ayer lo hubiera hecho (escapada bidón, minutos de diferencia), De la Fuente hubiera dado guerra. Desde ese punto de vista fue un sutil movimiento táctico del Saunier.
El hijo.
Duclos-Lasalle cedió el primero y a falta de cinco km para la meta, después de 200 de fuga, fueron atrapados De la Fuente y Franzoi, que un instante antes de la llegada de la Gestapo se palmearon la espalda, buen trabajo, lo intentamos, no pudo ser, suerte. Es hermoso este deporte, lleno de esfuerzos sin premio.
Los equipos de los sprinters saben mucho de trabajos en balde. Es raro que quienes más se impliquen en la caza salgan vencedores. Tiraron con fuerza Credit Agricole, Milram y también Quick Step, animado por la hazaña del Grillo.
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Pero ni siquiera ese ímpetu contuvo a David Millar (otro Saunier), que atacó en los dos últimos kilómetros, tal y como había previsto. Aunque fue engullido, el arreón descolocó a los lanzadores y el sprint se desplegó anárquico y sin secuaces, ideal para Francisco Ventoso, un cántabro de 24 años, también del Saunier, que viene de hacer tres séptimos puestos en las multitudinarias volatas del Tour. Su triunfo fue exquisito, como su estilo.
Es reconfortante que Freire tenga discípulos y que el ciclismo español varíe los sabores. Corredores así nos hacen disfrutar de ese delirio extranjero llamado sprint. Ahora le toca a Isasi.