Un Giro de altas cumbres protestado por los ciclistas
La montaña se concentra en una última semana infernal


El recorrido del Giro de Italia 2005, que se presentó ayer en Milán, genera pavor por la dureza extrema de su montaña, sobre todo concentrada en una última semana infernal, pero también por su largos traslados, por su alto kilometraje y por un doble sector el último día, con cronoescalada incluida, que ha provocado la protesta de los corredores.
La organización ha programado el último domingo una cronoescalada de 11 km a la Madonna del Ghisallo y una etapa llana a Milán. Y la Asociación de Ciclistas Italianos se ha quejado: "Nuestra postura coincide con el reglamento de la UCI, contrario a los dobles sectores en las grandes vueltas. Y con más razón al término de una semana masacrante".
Hágamos un repaso a esa "masacrante" semana final. El martes se sube el Maniva y se acaba en el Monte Bondone. El miércoles se ascienden el Pinei, el Erbe y el inédito Plan de Corones, con una rampa del 24% cerca de la meta. El jueves, 227 kilómetros y dos puertos. El viernes, 220 km y llegada en el San Pellegrino, tras superarse el Staulanza, el Fedaia (también conocido como Marmolada) y el Pordoi. Y el sábado, en las puertas de Milán, el Gavia y el Mortirolo, con 212 km. Para temblar.
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Los contrarrelojistas ya se pueden borrar, porque sólo tendrán una crono larga de 50 km en Pontedera. Sumar en su haber los 6,2 km de la etapa inicial y los 11 km de cronoescalada es una osadía. Eso sí, también habrá una contrarreloj por equipos, que reaparecerá en el Giro 17 años después.
La dureza y las protestas no se centran sólo en el doble sector. También en el alto kilómetraje: un total de 3.553, con nueve etapas por encima de 200 y una de ellas, la tercera, cercana a los 300. Si a eso se une que el Giro comienza con cuatro etapas en Bélgica y que los dos días de reposo incluyen traslados, los ciclistas están que trinan... Y por mucho que la montaña guste al aficionado, quizá lleven razón.