Plata para Valverde
Sólo cedió ante Tom Boonen en el sprint del Mundial de Madrid


En el Paseo de la Castellana, con el estadio Santiago Bernabéu en frente del podio y a la derecha de la meta, Italia lloraba. Lágrimas de derrota. En contraste, Alejandro Valverde alargaba su sonrisa perpetua, mientras que el público coreaba su nombre. Sonrisa de plata. Un peldaño por encima relucía Tom Boonen, un belga elevado ya a la categoría de mito después de haber ganado en una misma temporada el Tour de Flandes, la París-Roubaix y el Mundial de ayer. Nadie lo había hecho nunca antes. Ni Eddy Merckx.
Boonen cumplirá 25 años el 15 de octubre. Nació en 1980. Igual que Valverde (25 de marzo) y que el francés Anthony Geslin (9 de abril), sorprendente bronce. Ni él daba crédito a su conquista: "A partir de ahora tendré que creer más en mi mismo". Una nueva generación ha tomado el poder. Y allí no estuvo Italia, humillada.
Todo estaba listo en el equipo azzurro para la conquista de Madrid. Paolo Bettini buscaba el oro en las fugas y Alessandro Petacchi esperaba su opción al sprint. Se había cuidado hasta el mínimo detalle, incluso las alianzas. De repente, el equipo italiano se multiplicó por diez. Argentina y Gran Bretaña olvidaron su conflicto de las Malvinas y trabajaron para Italia en la primera parte del Campeonato, al igual que otros muchos. "Yo he visto unos cincuenta italianos en el pelotón", ironizó Boonen en la meta.
En la fuga.
Paco Antequera lo vio claro desde el primer momento. Había que romper la carrera a partir del kilómetro 200. Primero lo intentaron David Blanco y Paco Mancebo; luego Tino Zaballa (¡incombustible!) y Óscar Pereiro. España se lanzó al ataque. Y de pronto, en la antepenúltima vuelta (a unos 50 km), la táctica dio sus frutos con una fuga de diez ciclistas. Allí estaba Bettini de secante, pero también tres de los nuestros: Valverde, Martín Perdiguero y Pereiro.
En la expedición italiana, caras contrariadas. Por detrás, todavía en secreto, Petacchi comentaba que se sentía fatigado. Los tres españoles tiraban a saco, en alianza con dos belgas: Stijn Devolder y Philippe Gilbert. Olía a medalla Pero, no. Hasta el rabo todo es toro. Equipos como Holanda y Francia no habían metido gente en la fuga. Y el intento murió a falta de una vuelta.
Pelotón compacto a 21 kilómetros de la meta. ¿A España le quedaba todavía alguna bala? ¿Sería Astarloa? ¿Quizá Flecha? Pues, no. Balaverde, a pesar de su entrega en la escapada, no había gastado aún toda la munición.
La carrera se enloqueció. Ya en la Castellana, Bettini, Vinokourov y Boogerd cogieron ventaja. Marcos Serrano enlazó por detrás con Hauptman y Moerenhout. Los seis enfilaron la última recta desde Nuevos Ministerios, en ligera pendiente, pero un grupo les echaba el aliento en el cogote. ¿Qué español vendría allí?
Y emergió la figura de Valverde, recuperado de su esfuerzo anterior, pletórico a pesar de haber corrido sólo un día en los últimos tres meses. "Los números uno son así", diría después Serrano, engullido por su propio compañero en el sprint.
Olé, Antequera.
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Alejandro metió el turbo a 300 metros, quizá un poco lejos, pero desde una silla siempre es fácil decirlo. Boonen tomó su rueda y le remachó. Otra plata para Valverde, la segunda después de la que conquistó en Hamilton 2003 por detrás de Igor Astarloa. El oro le espera a la vuelta de cualquier esquina.
Hubo otro actor principal en la película, no es justo olvidarse de Paco Antequera. El seleccionador se despidió ayer de sus nueve años en el cargo con lágrimas en los ojos y con su undécima medalla en la saca. Se echará de menos su varita mágica, que convierte en oro, plata o bronce todo lo que toca.