El chiste al revés
El alemán Haussler ganó en Alcobendas. Hoy, crono final

CDice Woody Allen que cada vez que escucha a Wagner le dan ganas de invadir Polonia. El Gerolsteiner, equipo alemán del vencedor de ayer, no provoca impulsos tan exagerados, pero sí es cierto que su nombre asusta un poco y por eso ha sido un alivio descubrir que anuncia agua mineral. Esta revelación dulcifica el triunfo de Heinrich Haussler, de sólo 21 años y que corre su primera temporada como profesional. Si grabamos su victoria en nuestra memoria (que no creo) tal vez podamos decir dentro de unos años, cuando sea una estrella, que nosotros le vimos ganar en Alcobendas. Su precocidad promete en el futuro grandes éxitos; nuestra memoria, todo lo contrario.
El desenlace de la etapa de ayer se podría plantear como aquellos viejos chistes que reforzaban nuestro orgullo patrio y en los que un francés, un inglés y un español se encontraban ante una situación insólita de la que sólo sabía salir airoso nuestro compatriota, ya fuera salvando la vida o ligándose a la sueca. Lo único que cambiaría en este caso es el final, ya que se presentaron en la última recta un alemán, un suizo y dos españoles y los nuestros fueron claramente los últimos, sin necesidad de foto-finish.
No obstante, no se puede culpar en absoluto a Latasa y Fuentes de su derrota porque responde a una dinámica histórica que sólo alteraron algunos de nuestros campeones de forma meramente circunstancial y héroes accidentales como Sarrapio o Murguialday, por poner dos ejemplos, ignoro si hay más. Lo cierto es que en grupos de dos, tres, cuatro y hasta ocho (lo que serían los cuartos de final), nuestra estadística perdedora es apabullante, menos en los chistes.
La etapa de ayer fue movidísima, quizá porque una tormenta fue persiguiendo a los corredores en la última parte del trayecto y terminó por empapar al pelotón, que circulaba con diez minutos de retraso. Por delante, se vivió un verdadero zafarrancho de combate, con media docena de grupos en pie de guerra. Ni los espectadores madrileños más ancianos recordaban un tráfico tan fluido en esas carreteras.
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Para ser justos habría que decir que todos los ciclistas que lo intentaron ayer fueron unos auténticos colosos, y algunos de florido currículo, como Laiseka, Lastras o Zaballa. También fue fabuloso el arranque y posterior desfallecimiento de Fito García Quesada, el hermano mayor del pétreo Carlos. Hay cierta gloria romántica reservada a quien apuesta y lo pierde todo.
Mientras el prometedor Haussler lo celebraba con su director Raymund Dietzen, antiguo ciclista del Teka que fue segundo en las Vueltas de 1987 (Lucho Herrera) y 1988 (Sean Kelly), los favoritos planeaban ya la contrarreloj de hoy, el último esfuerzo que les queda y la última oportunidad para alterar el orden del podio. Si bien el primer lugar de Heras es inamovible, Sastre ha progresado lo suficiente en la crono como para amenazar el segundo puesto de Menchov, que le saca 20 segundos. Mancebo, a un minuto del cajón, estará pendiente de cualquier desfallecimiento. Rubén Plaza (25 años), del que hemos hablado poco y tiene osamenta y cualidades que recuerdan Indurain (con perdón), luchará por la victoria de etapa. No se rindan. El presente es plomizo, pero el futuro inmediato, deslumbrante.