Carballo: "Confieso que he disfrutado, y mucho"
Bicampeón mundial y precursor de los éxitos actuales.

En los Juegos Olímpicos de Atenas, hace prácticamente un año, dijo adiós a la gimnasia de manera efectiva. Ayer, en la séptima planta del edificio de una firma de moda (Hugo Boss) dijo "se acabó". "Tengo 28 años, y ha llegado el momento de dejar paso a otros gimnastas. Mi momento ha pasado. Sólo puedo decir que le he dedicado mi vida entera a la gimnasia, un deporte que amo, y aunque ha habido de todo en estos años, puedo confesar que he disfrutado, y mucho. He viajado, he competido, y hasta he ganado", dice este madrileño que con su presencia en la competición le devolvió a la gimnasia un protagonismo prácticamente perdido en el deporte español.
Jesús Carballo, el único casado hasta ahora de la Selección, bicampeón mundial (1995 y 1999), asegura que han sido las lesiones las que han adelantado su adiós "porque o estás al cien por ciento o no puedes ser competitivo", y anuncia convencido que no se irá del todo y que trabaja "en un macro gimnasio que se abrirá el año próximo en Boadilla del Monte, donde hace unos años se postuló como concejal en las listas del Partido Popular. "Me voy a dedicar a la parte comercial del deporte. Con la misma ilusión que he puesto en todo lo hecho como deportista. Siempre me preparé al máximo para ser un buen competidor".Con más de treinta años de diferencia en el tiempo, sí se puede decir que Jesús fue el heredero de Blume, como Rafa Martínez lo es del propio Carballo: "He puesto mi granito de arena en engrancecer mi deporte. En el gimnasio dejo compañeros de primera fila mundial, y creo que es parte de mí legado como deportista. En aquellos años los éxitos eran coto cerrado, y ahora está abierto a más países".
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Está orgulloso de pasar a la historia deportiva "más que por los éxitos, por haber sido el precursor de la gimnasia española de la que disfrutamos ahora". Las lesiones, dos veces la triada por ejemplo, han sido su hándicap, y, sin embargo, no maldice la mala suerte de esos años: "Hasta de los momentos malos puedes disfrutar. Tuve la fortuna en la desgracia de estar bien arropado". Se va con una espinita en el corazón: "Me falta una medalla olímpica en el cajón. En Sydney era el momento ideal, pero me lesioné".
Su padre, el seleccionador nacional femenino, ha sido su mentor, y ayer le recordó: "Él hubiese querido que prolongase un poco más mi carrera, pero está feliz porque yo lo estoy, y a partir de ahora seré el primer seguidor de mi hermano Manuel. Por fortuna, el apellido Carballo va a seguir dando guerra".
