Ciclismo | Vuelta a España

Tacita a tacita

Roberto Heras ganó otros seis segundos en un sprint bonificado

Tacita a tacita
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Roberto Heras ganó ayer seis segundos de bonificación en el último sprint intermedio de la etapa, con lo que dobla su ventaja en la general con Denis Menchov. Cómo lo consiguió, me resulta difícil explicarlo, porque la carrera ya estaba lanzada camino de la meta en Vinaroz, y cómo le dejaron, tampoco puedo comprenderlo, porque vestido de lingote de oro se le ve bien en el pelotón, refulge y todo. Me inclino a pensar que Heras carece de oposición organizada (caso de tener oposición) y que sus rivales se juegan esta partida a una carta que no saben si llegará a sus manos, un día glorioso en la montaña, un desplome del campeón y un coro de ángeles haciendo sonar sus trompetas... como le pille un día.

A la espera de milagros, Heras va ganando la Vuelta de todos los modos posibles, con exhibiciones en la montaña y recortando cupones, tacita a tacita. A quien piense que seis segundos no es tiempo, le daré la razón: no es tiempo, es símbolo. Con esa misma filosofía (el que pega primero...) afrontaba Armstrong las primeras semanas del Tour y no le iba del todo mal.

A excepción de ese escarceo del líder, la etapa fue tan monótona como otras ya vividas antes. Es verdad que los últimos kilómetros discurrieron por carreteras estrechas y peligrosas, pero el espectáculo necesita mayores alicientes que gravilla en las curvas.

Recorrido.

Es una pena que la Vuelta, que en las últimas ediciones había optado por trayectos cortos y movidos, haya renunciado a ser diferente. Las eternas jornadas de transición en espera del verdadero meollo sólo se las puede permitir el Tour. Tampoco entiendo que este fin de semana no coincida con una gran jornada de montaña, que sí está prevista para el lunes. La audiencia vuela y la crono de 48 kilómetros de mañana será vital para la general pero poco atractiva para el gran público. Recuerdo que ya no corre Indurain.

Regreso a la etapa. La escapada (Verbrugghe, Eladio, Egoi...), que siempre rondó el minuto y medio, murió a 30 km de meta. Fassa fue el asesino. Luego tiró también el Islas Baleares (es decir, Chente), quizá porque corría el rumor de que podrían formarse abanicos. Era el rumor del viento. Sin embargo, no hubo más cortes que los que provocó la carretera, que pasó de autopista a camino entre huertas. Petacchi pinchó y se despidió del triunfo. Cómo sería el terreno de rural, que el grillo Bettini se sintió como en casa y se escapó, aunque sin fortuna.

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Conocedores de que Petacchi estaba cortado, el T-Mobile le preparó la llegada a Erik Zabel. La esperanza es lo último que se pierde. El alemán fue cuatro veces segundo en la pasada Vuelta y ayer volvió a repetir. Van Heeswijk, del Discovery, fue el vencedor. Pocos recuerdan que este holandés fue líder en la pasada Vuelta, porque entre las virtudes de Van Heeswijk está la invisibilidad. Después de 34 triunfos menores, por fin logra una victoria grande. No se lo creía, por cierto.

Habrán notado que todavía no he hablado de las azafatas de la Vuelta. Es por la sencilla razón de que no me parecen azafatas sino secretarias de dirección. Por sus castos uniformes también podrían ser jueces de línea en Wimbledon. Para eclipsar todavía más sus innatas condiciones suelen estar acompañadas de unos señores desconocidos que deben ser políticos por su afán por salir en la foto. Cualquier día un tipo de bigote besa al ganador de la etapa. Y no se da uno un palizón para eso.

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