Gimnasia | Nuevas campeonas

La rusa Nastia Liukin es la nueva reina de los estadounidenses

Nació en Moscú, hija de dos gimnastas gimnastas

<b>TÍTULO. </b>La cara de Nastia refleja el éxito obtenido en Estados Unidos.
Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

Se sabía que iba a ocurrir en breve, aunque no estaba claro si sería este o el año próximo. Pero Nastia Liukin, doble campeona júnior de Estados Unidos, ha terminado con los interrogantes: el pasado fin de semana, en Indianápolis, se proclamó nueva campeona absoluta de Estados Unidos en su primer nacional de la categoría máxima.

Se trata de una nueva estrella para la artística deportiva internacional, como estaba previsto. No concurrió con el equipo estadounidense que compitió en los Juegos Olímpicos de Atenas por culpa de la reglamentación, que obliga a todas las participantes a tener 16 años, o a cumplirlos a lo largo de esa temporada. Y Nastia ha soplado las dieciséis velas de su tarta en 2005.

Lo singular de la nueva campeona, sin embargo, es que es de Moscú, y aunque vive en Estados Unidos desde niña, su formación y ambiente es ruso. También, que desde antes de nacer su carrera deportiva estaba dirigida a la gimnasia, casi por obligación genética: su padre, Valery, fue uno de los grandes gimnastas de la URSS, el primero en hacer en una competición oficial de élite el triple mortal en suelo, con dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Seul; su madre, Anna Kotchneva, fue campeona del mundo en un aparato de rítmica en el Mundial de 1987 en Varna, y si pasó más inadvertida fue porque allí la búlgara Bianca Panova arrasó con un sobresaliente en todos los aparatos.

Valery es el entrenador de su hija, porque la joven Nastia ha preferido la disciplina del padre, que regenta un gimnasio de éxito en California, y en el que los principales entrenadores también son rusos.

La rítmica.

Mamá Anna también ejerce su influencia, aunque sufre tanto con las acrobacias de su hija que jamás acude a las competiciones. Pero se nota la rítmica en los ejercicios de Nastia, hasta el punto de que Bela Karolyi, el rumano seleccionador estadounidense, admite que con la moscovita esperan conjugar el arte con la dificultad.

Es decir, Nastia no tiene nada que ver ni con Mary Lou Retton, la primera estadounidense campeona olímpica (Los Angeles-84) ni con Carly Patterson, la segunda (Atenas-04). Nastia no es un robot que ejecuta las acrobacias y las dificultades con una rutina exasperante; es una gimnasta europea, que interpreta el ejercicio. Eso la convierte en la gran baza para cambiar de una vez la gimnasia femenina en los Estados Unidos.

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El triple mortal de Valery ha caído en desuso

En los años ochenta no había competición de prestigio en la que apareciese Valery Liukin en la que no se le siguiese con lupa en los entrenamientos previos. Es más, era la comidilla entre gimnastas y aficionados: ¿meterá por fin el triple mortal en suelo? Durante un tiempo jugó a dejarse querer, porque lo ensayaba públicamente, pero no lo ejecutaba en la competición oficial... hasta que llegó el momento de ver en un directo y de verdad el triple mortal en suelo en la primera diagonal.Fue el primero en ponerlo en práctica, y Fernando Síscar, el actual entrenador de los dos campeones de Europa españoles (Rafa Martínez y Manuel Carballo), recuerda que en aquellos años, a finales de los ochenta, "otros también lo intentaron en competición oficial. Incluso un checo lo hacía mejor que Liukin", y también dos rusos más, y dos chinos. Pero de aquel interés puntual que despertaba Liukin por su triple ya no quedan ni los restos. Esa dificultad está fuera de los ejercicios de los gimnastas actuales por falta de rentabilidad deportiva. "Es que te bonifican con cuatro décimas si los clavas, y eso significa que te expones a perder más de lo que puedes sacar por una dificultad de ese nivel", asegura Síscar, también ex gimnasta.Y es que el triple mortal resulta un elemento demasiado agresivo para los gimnastas. En su momento, Liukin tenía que elevarse a 2,53 metros, y desde esa altura máxima comenzar tres giros rápidos sobre sí mismo para caer de pie y no trastabillarse. Es decir: demasiada exposición al fallo en la competición, con lo que significa para la nota, y demasiado riesgo a las lesiones de rodilla y de tobillos. "Ahora el triple se hace en el foso, para jugar. Lo hace Deferr. Pero en el tapiz, eso es otra cosa", asegura Síscar.

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