Sin Thorpe, Phelps lo quiere todo en Montreal
Comienza hoy en Montreal la edición número 11 de los Campeonatos Mundiales de Natación, Saltos, Waterpolo y Natación Sincronizada. El gran espectáculo de las carreras de natación se deja para la segunda semana del programa. Sin duda, ésa será la semana del show de Michael Phelps.


Desde que se cerró la piscina olímpica de Atenas con las ocho medallas de Miguelito Phelps, han pasado cosas en el mundo mundial de la natación. A ver. Miguelito, Michael, el hombre-pez, fue apresado en Baltimore por conducir un todoterreno bajo la influencia del alcohol: se saltó un stop como en una salida de 100 mariposa. Pero como estos americanos son unos linces de la mercadotecnia, pues....
Pues Phelps ha aprovechado el episodio policial casi como un gancho morboso para su biografía autorizada, Beneath the Surface (Bajo la Superficie), que ha dictado a Brian Cazeneuve, un ilustre proletario de Sports Illustrated. Michael dedica casi dos páginas a contar su error y pide mil perdones. De nada.
Mientras Phelps era fichado por la policía de Baltimore y condenado a multa y a unos mesecillos de servicicios cívicos, Ian Thorpe le ponía la rehabilitación en bandeja. El Torpedo, el Gran Tiburón Blanco de la natación australiana, se despedía del mundo cruel de los entrenos y se consagraba a la dolce vita: em- pezaba a darse vía libre para que Phelps gane mucho oro en el Mundial de Montreal.
Thorpe, que apoyaba la candidatura de Nueva York, fue visto en el aeropuerto de Singapur, el día después de la elección de la sede olímpica 2012. Lucía más bien gordito: no en el tipo que desearía Amanda Beard y otros que yo me sé. Dejémoslo ahí.
Se sumergía el tiburón, y Phelps, hambriento de retos y de reconciliación con el mercado estadounidense se buscó un nuevo rival australiano: Grant Hackett. A esas alturas, Phelps ya se había ido a vivir a la Universidad de Michigan, que había contratado a su entrenador, Bob Bowman, admirador declarado de George W. Bush.
En las oscuras junglas de Ann Arbor, cerca del aún más inquietante Palace de los Detroti Pistons, Phelps y Bowman planearon la campaña veraniega: "Vamos a por las pruebas-estrella en nado libre, vamos a por Hackett".
Hackett, el larguirucho (1.97) y veteranete (25 años) fondista de Gold Coast, entrenado por Dennis Cotterell, era el rival indicado: en Montreal no iban a estar Thorpe, ni Pieter Van Den Hoogenband, el asténico barcelonista de Eindhoven, operado de una hernia: el oro y la plata en el célebre 200 libre de Atenas, los que cerraron a Phelps el paso hasta la antecámara dorada de Mark Spitz, no se van a tirar a la piscina de 13.000 espectadores de la Isla de Sainte-Hélene, que tanto ha costado: si no es por el aval económico del Ayuntamiento de Montreal, este Mundial no se hace allí.
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Pero hay Mundial, desde hoy mismo. Phelps, que ganó seis medallas en Barcelona 2003, cuando batió cinco récords del mundo, nadará la próxima semana en busca de los títulos en 100, 200 y 400 libre, 100 mariposa, 200 estilos y los tres relevos. En 200 y 400 libres habrá duelo Phelps-Hackett. Phelps puede ganar el 200, pero en 400 lo va a tener duro ante Hackett y el italiano Brambilla.
Los españoles arrancan hoy con las chicas de waterpolo ante EE UU. Esperanzas: el equipo de sincronizada, el velocista Javier Noriega, segunda marca del año en 50 libre (22.24, y con Popov retirado) y Erika Villaecija, la quinta marca en 800. Y Phelps no nada contra ella.