Vivos, que no es poco
Ganó Vinokourov, el más valiente. Valverde y Mancebo, bien

Entre la decepción y el alivio. No atacó nadie en el Galibier, pero conservamos a Valverde y Mancebo intactos, o casi, porque el primero sufrió un golpe en la rodilla izquierda y el segundo emprendió una aventura sin éxito que puede haber minado algo sus fuerzas. Como medida de precaución ponemos velas a San Nicolás, patrón de los traumatólogos y es de esperar que de nuestros traumas en general.
Cuando Valverde se descolgó en la subida a La Madeleine vivimos el primer momento de pánico de la jornada. El héroe de Courchevel, el foco de todas las miradas, se dejaba caer hasta perder contacto con el pelotón principal y solicitaba la presencia del coche médico. Tras ingerir una píldora regresó al grupo a toda pastilla (valga el chiste malo). Ese extraño movimiento, dejarse caer sin compañeros y el sprint final para recuperar la posición, delata inexperiencia, frescura y un peculiar rasgo de su carácter que podríamos denominar periquismo.
En ese primer puerto atacaron, entre otros, Pereiro, Botero, Vinokourov, Mancebo y Heras, un grupo interesantísimo que jamás logró más de un minuto de diferencia. No lo permitió Armstrong. Heras reventó por causas naturales y Mancebo tuvo que ceder voluntariamente, al sentirse señalado por el esfuerzo del Discovery. Y debía tener razón, porque desde ese instante Vinokourov, Pereiro y Botero abrieron brecha.
El siguiente momento de pánico lo vivimos cuando Pereiro desapareció en una curva en pleno descenso de La Madeleine. Mientras muchos temíamos que estuviera ya en el fondo del valle, el gallego mantenía el equilibrio ladera abajo, sin duda acordándose de San Nicolás y de Armstrong, que en 2003, y para esquivar la caída de Beloki, solventó una situación parecida con tanta habilidad como suerte. Recuerdo que su rally desembocó en otra curva, como si fuera un atajo del Juego de la Oca.
Pero Armstrong es Armstrong y al resto se nos cae la tostada por el lado de la mantequilla. Así que en lugar de deslizarse por un mágico pasadizo rodeado de gnomos, Pereiro tropezó con una piedra y se dio un costalazo.
En el Galibier, Vinokourov abandonó a los Phonak, aunque Botero hizo la goma de tal forma que parecía uno de los Cuatro Fantásticos (concretamente, el Hombre Elástico). Y por detrás, nada: Discovery a tren, Valverde escalando el coloso con la boca cerrada y Kloden sufriendo muchísimo. Así se coronó: el kazajo torero, con una ventaja de 2:41 sobre el grupo del líder.
Vino Veritas.
En el descenso, Botero atrapó a Vinokourov y ambos se relevaron hasta meta. "Vino veritas", así tituló L'Equipe su primera crónica sobre el triunfo del kazajo. El pelotón llegó a 1:15, encabezado por el indescifrable Moreau, que ganó ocho segundos de bonificación. El francés también lucha ahora por la montaña contra el no menos indescifrable Rasmussen, al que alguien debería recordar que está a 38 segundos del líder.
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El balance de heridos quedó así: Heras perdió 17:02, Mayo 22:35 y Beloki 31:15. Mayo asegura que todavía puede hacer "algo bonito". Como no sea abrir los cielos y ascender los Pirineos junto a un coro de ángeles sabrá a poco. También hubo un muerto: Voigt, ex maillot amarillo, llegó fuera de control por 42 segundos.
La etapa de hoy pasará cerca del puerto de La Rochelle, donde, en su descenso, una placa recuerda la historia de una curva: "Passage Armstrong, chute Beloki". Por dolorosa, nos ahorraremos la traducción. Cuentan que allí se reúnen muchos cicloturistas para intentar cruzar el campo como lo hizo aquel día el americano. Tengo entendido que todos se caen.