Un extraterrestre en la tierra de Bastad: Nadal
Sufrió y remontó a Berdych para ganar su séptimo título 2005.


Ahí tienen a Gerónimo, de vuelta a su tierra, con su uniforme naranja de los mejores días, el que ha vestido en tantos triunfos sobre los caras pálidas del tenis mundial. Ya es habitual que veamos a Rafa Nadal abriendo la sección de Deportes de The New York Times o en la portada de cualquier magacín del mundo. Y nos sonaban un poco a chino mandarín esos resbalones sobre las praderas de Halle y Wimbledon...
Bueno, pues el extraterrestre de Roland Garros ha vuelto a su tierra. Ahí, en el desierto de arena roja, Nadal es el rey, el cacique, el jefe. Es Armstrong en el Tour o Lee Evans y el Black Power en la vuelta a la pista de atletismo. Ecos ancestrales de poder. ¿Borg? ¿Muster? ¿Fidel Castro en Sierra Maestra? ¿Rocky Marciano...?
Hambre.
La solución más o menos humana a estas preguntas, Rafa Nadal, tiene 19 años recién cumplidos. Como hemos dicho, viste camiseta sin mangas, tiene unas piernas con el motor de las alas de Batman y un frustrante deseo de ganar. Frustrante para el contrario, claro. Ya había pasado un mes desde que Rafa alzó la Copa de los Mosqueteros, en Roland Garros, y sencillamente, tenía hambre de triunfos.
Pero encima, y lo dicen Federer, Feliciano López, o los mismos Ferrero y Robredo, el niño es muy listo. Crecido en una cuna de deportista, Nadal ha pasado años memorizando gestos y partidos de sus tíos Miguel Angel, el futbolista, y Toni, el tenista que hoy le entrena.
Y ahora es una máquina como de ciencia ficción. Una computadora bronceada, alada, blindada con un deseo conmovedor. Movida por la electricidad de la emoción. Así llegó Nadal a Bastad, tras sus experiencias en hierba.
Procesando cualquier cosa, siempre movido por la ambición del triunfo, Rafa encajó los tremendos palos de Berdych (1.94), que eliminó a Federer en los Juegos de Atenas. Ante los tiros del checo, Rafa perdió el primer set con tres roturas de servicio. En el segundo, mejorado en ataque tras su paso por la hierba, Nadal resistió (4-0) y vació a Berdych: 6-2
Y en el tercero, la torre checa se quedó sin aire: le pasó a Federer, a Coria, a Puerta, o a Ferrero y Robredo, aquí, en Bastad. Aquí, donde el extraterrestre regresó a la tierra. Para ser el jefe, claro.
Rafa Nadal "Es increíble haber logrado siete títulos"
No he empezado bien el partido, aún no sé por qué. En el primer set, prácticamente no podía hacer nada. Fue muy duro: Berdych cometía pocos errores, le pegaba durísimo, y hubo que salir de otra forma en el segundo set. Tuve que empezar a a atacar, a pegar más profundo y a ser más agresivo. Cuando me puse 4-0 en esa segunda manga, ya recuperé la confianza, y todo fue mucho mejor. Es increíble haber ganado estos siete títulos seguidos en tierra, era algo con lo que no podía soñar a principios de año. Ahora tengo que cerrar bien la temporada en tierra y luego ya pensaré los torneos de pista dura, en EE UU.
John McEnroe "Se necesita su emoción"
El tenis siempre necesitará jugadores que transmitan emoción como lo hace Rafa Nadal, que es lo que hacía yo mismo. O lo que también hacía Jimmy Connors. Esa emoción es lo que puede atraer gente a este deporte. En el caso de Nadal, no me cabe duda de que este chico también ha conseguido ya un efecto de intimidación. Muchos de sus rivales salen a la pista con miedo, sobre todo cuando se trata de superficies de tierra. Y Nadal va a ir mejorando en muchas otras cosas solamente con el siemple paso del tiempo.
Tiembla el récord de Muster
Si Rafa Nadal alza uno de los trofeos de campeón en Umag o Sopot, próximas citas en el calendario de la tierra batida, habrá superado el récord de siete victorias en la misma temporada en esta superficie que Thomas Muster mantiene desde 1996. Con su triunfo de ayer sobre la arcilla de Bastad, Nadal ya iguala esa marca de siete títulos. Pero en 2005, los números de Nadal en tierra van más allá. Dan vértigo. Rafa firma 29 victorias consecutivas, y 43-2 en el conjunto de la temporada terrícola, balance que se convierte en un total de 54-8 en todas las superficies.
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España, K. O. ante Francia
En Aix-En-Provence, Amelie Mauresmo derrotó por 6-3, 6-1 a Nuria Llagostera y selló el 3-0 que sentenciaba el triunfo de Francia ante España en la semifinal de la Fed Cup. En el cuarto punto, ya sin valor, Arantxa Parra ganó por un doble 6-4 a Severine Beltrame. El punto de dobles se suspendió por la lluvia. En la final, en septiembre, Francia, con Mauresmo y Pierce, recibirá a Rusia.