Por fin, montañas
Hoy, un puerto de 2ª a 15 km de meta. McEwen se impuso ayer

No comprendo, y me irrita, por qué los organizadores de las grandes carreras ciclistas, especialmente los del Tour, dan más oportunidades de victoria a los velocistas que a los escaladores, hecho evidente, pues son más las etapas que terminan en llano que las que finalizan en alto. Y me lo explico aún menos si pienso que lo que realmente entusiasma a los aficionados son las etapas de montaña (alta, media o baja), que son dosificadas con muchísimo esmero, no vaya a ser que nos empachemos de emoción.
Por si fuera poco privilegio gozar de más oportunidades, las etapas llanas se acumulan en la primera semana, de modo que los sprinters, a poco que les haya ido bien (incluso mal), pueden retirarse cuando la carretera se comienza a empinar sin demasiados remordimientos de conciencia y con la gloria intacta. Los ejemplos, mil.
Así que al intrépido escalador de 50 kilos le toca magullarse el cuerpo en la primera semana y, si sobrevive a las caídas, las cronos y los abanicos, luchar por una incierta victoria en alto que probablemente será para Armstrong. Díganme si no es para echarse a llorar.
En peligro. Este desahogo viene a cuento porque ayer, por fin, concluyó la primera semana de Tour, que si llega a durar un poco más nos hubiera dejado sin representación española en el peso ligero. Ayer se cayeron Mayo, Mancebo y Valverde, este último dos veces. Eso sin contar a Gálvez, del que luego hablaremos. Unas veces fue la lluvia, otras las vías del tren y en último caso un corredor descontrolado que trazó una diagonal en pleno sprint.
Pero arriba los corazones porque los días de felicidad de McEwen no volverán, al menos hasta mañana. Hoy hay montaña. No mucha, pero suficiente: cuatro cotas de tercera y a 15 kilómetros para meta un puerto de segunda en el que se formará un grupo selecto que propiciará la victoria de Valverde al sprint. Esa es la idea.
Entretanto, ayer nos tocó vivir una jornada con la misma sustancia que las anteriores. Aunque probaron suerte en los primeros kilómetros Flecha y Contador (ojo con él), esta vez el protagonista de la escapada fue el alemán Wegmann, que aceleró para puntar en un puerto y al verse solo aprovechó para puntuar en el siguiente y para cruzar el primero la frontera germana, algo que debe llenar de orgullo a un alemán, suponemos.
Como resultado de su esfuerzo, Wegmann, joven rey de la montaña en el Giro 2004 (ahora tiene 25 años), se enfunda el maillot de lunares y presenta la primera candidatura seria para heredar a Virenque. Si de verdad pretende ese título, Gárate debería entrar ya en acción. Por cierto, Wegmann se embolsó 2.000 euros por ser el ciclista más combativo.
El pelotón se reagrupó a 22 kilómetros de meta y se lanzó a una llegada frenética en la que se impuso el peculiar McEwen, curioso personaje que conoció a su esposa Angélica cuando visitó la óptica de los padres de la muchacha para comprarse unas lentillas. Digamos que ese día vio la luz. McEwen empata a dos triunfos con Boonen, que ayer sufrió una caída.
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En el sprint, Allan Davis (Liberty) provocó la tremenda caída de Gálvez y Furlan al cambiar repentinamente de línea, por lo que fue sancionado y relegado a la última posición. El infatigable Flecha acabó décimo.
Hoy hay montañas. Después de 200 km se subirá un puerto de segunda que nos dará idea de lo que ocurre en este Tour. Lo que nos tememos o lo otro.