20 horas a la deriva: rescatan a un turista ruso de 64 años que surfeaba en Bali
Un turista ruso que intentaba aprender a surfear en Nusa Dua pasó casi un día entero perdido en el océano tras ser arrastrado por una fuerte corriente hasta que un pescador local lo encontró por casualidad.


Lo que debía ser una jornada tranquila de iniciación al surf en Bali terminó convirtiéndose en una odisea de supervivencia de casi 20 horas en mar abierto para Iurii Orlov, un turista ruso de 64 años que fue rescatado de forma fortuita tras quedar a la deriva frente a la costa de Nusa Dua.
El incidente ocurrió el 5 de marzo, cuando Orlov había alquilado unas tablas de iniciación junto a dos amigos para probar suerte en las olas cerca de Water Blow, una zona conocida por sus fuertes corrientes. Mientras trataba de ponerse de pie sobre la tabla, una corriente lo arrastró mar adentro, separándolo rápidamente de sus compañeros.
Lo que siguió fue una larga noche flotando sobre su tabla en el océano Índico, sin más opción que mantenerse agarrado al corchopán mientras las corrientes lo alejaban de la costa. Orlov permaneció a la deriva hasta la mañana del 6 de marzo, resistiendo al cansancio, el sol y el oleaje.
El desenlace llegó de la manera más inesperada. Agus Putra Yohana, un pescador local de 34 años, navegaba por la zona tras una jornada sin capturas cuando divisó una tabla flotando en la distancia. Su primera intención no era un rescate.
“No había pescado nada y, al ver la tabla, pensé en llevármela a casa para mi hijo. Pero al acercarme, me di cuenta de que había una persona encima y le ayudé a subir”, explicó el pescador.
Las imágenes grabadas por el propio Yohana muestran a Orlov exhausto pero consciente, aceptando una botella de agua nada más subir a la embarcación. Con una risa nerviosa, apenas alcanzó a decir: “Estoy cansado”.
Tras el hallazgo, el pescador avisó a las autoridades y se activó un dispositivo coordinado por Nyoman Sidakarya, jefe de la Oficina de Búsqueda y Rescate de Denpasar. Según explicó, el fuerte viento y el tamaño de las olas habían dificultado enormemente las labores de rastreo, prolongando durante horas la incertidumbre sobre el paradero del turista.
Finalmente, Orlov fue trasladado a tierra y sometido a un chequeo médico, tras el cual pudo regresar a su hotel en South Kuta con apenas heridas leves.
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La historia deja una advertencia clara para quienes llegan a Bali con el sueño de aprender a surfear: el océano puede ser tan imprevisible como fascinante, especialmente en zonas donde las corrientes cambian con rapidez. Para Orlov, la aventura terminó bien; no todos los sustos en el mar tienen un final tan afortunado.
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