Iker Romero rescata al Barça en Ciudad Real
El Barcelona logró un magnífico resultado en el Quijote Arena en el primer partido de la final de la Champions League de balonmano. Pasó momentos de apuro, pero al Ciudad Real le faltó frescura minado por la presión de disputar su primera gran cita. El sábado se decide el título en el Palau.

El Palau dictará sentencia el próximo sábado. En el primer envite, en el Quijote Arena, tablas. Un resultado prácticamente nulo que beneficia al Barcelona, pero está por ver cómo funcionará la cabeza de los protagonistas de aquí al segundo y definitivo asalto de esta final de la Champions League. Quedan sesenta minutos, y en teoría el Barcelona ha puesto una primera pica en La Mancha.
Lo que ocurrió ayer no estaba previsto. Podía ocurrir cualquier cosa sobre el parqué, pero no que un equipo plagado de gente de talento, experta y curtida en mil batallas, se dejase llevar por la ansiedad. El Ciudad Real de ayer, en su cita más importante de toda su historia, falló en algo tan importante como es el cerebro. El conjunto de Juan de Dios jugó con mucho corazón, pero descentrado durante mucho tiempo (¿todo?) del partido.
El Barcelona, que salió con miedo, que estaba agazapado a la espera de la oleada inicial de los locales, se fue asentando en el choque en un intercambio de goles que le beneficiaba. Sólo pasó apuros en los minutos finales de la primera parte y al inicio de la reanudación, cuando el Ciudad Real jugó sus pasajes más aceptables y alcanzó una renta de cinco goles.
Sin embargo, para evitar males mayores allí estaba Iker Romero. En la segunda parte sólo apareció en ataque porque Espar le quería fresco, y el internacional era el encargado de abrir la defensa del Ciudad Real. Con un metro de ventaja, gol; y de cualquier tipo y distancia. Sí, Iker agujereó el traje de los defensas locales; nunca le pararon, y sus fallos sólo llegaron en momentos puntuales, cuando hubo de lanzar agobiado con el anuncio de pasivo.
Errores imperdonales.
En condiciones normales el resultado podría señalar que el Barcelona tiene la séptima Copa de Europa a punto para encajarla en sus vitrinas. Pero el marcador es un espejismo, y salvo que el Ciudad Real vuelva a manejarse tan mal con la presión como ayer, la final aún está abierta. ¡Ya ganó en el Palau este martes!
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Un conjunto en el que estén Dujsebaev y Stefansson, por ejemplo, no puede despreciar la ventaja de las situaciones de superioridad (seis más) sin sacar renta; un equipo con especialistas de siete metros como Dzomba, Zaky y Stefansson no debe errar cuatro de los once penaltis de que dispuso, porque entonces de nada vale el esfuerzo de Urios (forzó cinco) y de Entrerríos (sacó cuatro).
Es cierto que la portería del Barcelona en este momento es la mejor del mundo (Peric y Barrufet), y ahí le saca ventaja al Ciudad Real (la lesión de Sterbik obliga a que Hombrados no tenga relevo), pero también es cierto que ayer los de casa jugaron con tanta precipitación que sorprende que ganasen.
