"A ver si me subo al dólar con exclusivas con la Obregón"


Está usted emocionadísimo con la plata.
Sí se me pasan tantas cosas por la cabeza: emociones, entrenamientos, sacrificios... Era la carrera soñada, pero la caída me recordó a Sydney, cuando se me escapó el podio.
¿Cómo se rehizo de la caída?
Al pensar en Sydney me dije: No voy a volver a ser cuarto. He soñado con esa carrera y me he quitado la espina.
¿Cómo ha sido la caída?
Con perdón, ha sido una caída de puto juvenil. Estaba pasando un momento de crisis cuando pasé por una zona rápida y me fui al suelo. Entonces sentí lo que Armstrong cuando se cayó en Luz Ardiden. Me dio un subidón de adrenalina, tipo búfalo, y me fui a por Brentjens para recuperar la plata. Luego intenté recortar a Absalon, pero estaba lejos.
Ha hecho una carrera casi perfecta.
La carrera ha salido casi rodada, pero me faltó la puntilla del oro. Para ser campeón olímpico hay que hacer una carrera perfecta y yo cometí errores. Tras lo que he sufrido, la plata es cojonuda y me habría valido hasta el bronce.
Si no se cae, ¿podría haber aspirado al oro?
Iba a diez metros de Absalon y creo que si enlazo con él habríamos vivido una carrera diferente. Pero, ha sido un ganador justo, porque él no ha cometido errores y yo sí.
¿Por qué se lió usted a tiros al cruzar la meta?
Mi amigo Flecha es el arquero y yo saco las pistolas de cowboy, pero hace cuatro años que no lo hacía.
También ha simulado un suicidio de un disparo.
Hacerme el muerto significaba que la carrera había sido un suicidio. Igual podría haber ganado que haber muerto.
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¿Se pasará usted al ciclismo de carretera?
Ahora sólo pienso en echar la meadita en el doping, gastarme toneladas de teléfono en llamar a la familia y atender a todos los medios de comunicación y comerme un jamoncito en la Casa de España... Luego correré el Mundial y la Copa del Mundo y después a ver si me subo al dólar vendiendo exclusivas con la Obregón.