La caída privó a Hermida del oro
Supo reaccionar para ganar la plata.


El recuerdo de Sydney 2000 catapultó a José Antonio Hermida al podio olímpico. Hace cuatro años, el catalán sufrió una caída, con avería incluida, que le frenó el camino a la medalla. Terminó cuarto, a 20 segundos del bronce, y se dijo: Esto no me ocurrirá más. Ayer se volvió a accidentar cuando estaba pujando por el oro con el francés Julien Absalon. La carrera australiana sobrevoló por su cabeza, pero Hermida no estaba dispuesto a repetir la historia y remontó hasta la plata.
Hermida hizo una carrera inteligente y ambiciosa. En la primera de las siete vueltas al circuito del Monte Parnitha, no entró al trapo de los primeros ataques. Al inicio de la segunda ya atrapó a los tres hombres de cabeza, que entonces eran Absalon, el holandés Bart Brentjens y el italiano Marco Bui. El catalán tiró entonces su primer cañonazo, que sólo resistió el francés. El grupo se rehizo después, pero ya se había visto quiénes eran los dos más fuertes.
Segundo ataque.
En la cuarta se unieron al grupo los franceses Jean Peraud y Miguel Martínez. ¡Alarma! Tres de los seis destacados eran del mismo país. Además, por detrás se acercaba el belga Roel Paulissen, el hombre que más temía el catalán junto a Absalon. Así que Hermida tomó el camino más directo: un segundo ataque. El grupo quedó reventado. Sólo el posterior campeón olímpico siguió su estela. Poco después se incorporó Brentjens.
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El cuarto paso por la meta fue idéntico al podio final: Absalon, Hermida y Brentjens. La medallas estaban asignadas, pero faltaba por hacerse el reparto. El francés tomó la iniciativa. Su ataque fue certero y abrió un hueco de 15 segundos, pero el tiempo era todavía accesible. El oro estaba en juego y... ¡zas! El catalán pasó por una pequeña crisis, forzó la máquina al límite y se fue al suelo.
Hermida cedió un minuto con Absalon y medio con Brentjens. Para colmo, Paulissen le echaba el aliento en el cogote. Y entonces surgió el recuerdo de Sydney, el sueño roto por una caída. No quiero volver a ser cuarto, se repitió el de Puigcerdá. Distanció al belga, remontó al holandés y... ya está. El oro se esfumó, pero celebró la plata como tal. Cruzó la meta dando disparos imaginarios, se suicidó, posó a lo James Bond, se tradujo a sí mismo en la sala de prensa... Un showman.