Rafa Trujillo. 105 kilos de humanidad

En el argot taurino de su tierra, Rafa Trujillo (La Línea, 1975) es todo un monstruo. Porque así se califica a sí mismo no por sus éxitos, sino por su humanidad: 1,84 metros y 105 kilos de peso; casi tanto como el del barco (125 k.).
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Trujillo es un luchador nato, al que no le han regalado nunca nada y que desde que a los cinco años se subió por primera vez a un barco ha competido al límite. En su primera competición, a los 12 años, no veía las cosas claras porque competía en Optimist y no cabía en el barco. Era muy malo y como era enorme me decían que me dedicara al baloncesto o a la lucha libre. Pero tuve la suerte de tener maestros como José María van der Ploeg o Manuel Doreste y aprendí, compitiendo en otras clases, para llegar al barco, el Finn, que era mi sueño. Recuerdo que en Optimist mis rivales me decían que iba a hundirme con el barco y les contestaba que yo algún día iba a navegar en el Finn.
Cuando tocó la medalla de plata miró ayer hacia el cielo. En mayo falleció su padre, la persona que más le influenció para seguir en la vela, y Rafa, que en Sydney logró el diploma olímpico de la clase Star junto a José María van der Ploeg, tenía una motivación especial en Atenas. Quizás se perdió un gran jugador de baloncesto, pero España tiene desde ayer un excepcional regatista.