Todo se condiciona a la aerodinámica
La lucha contra el viento influye en el desarrollo técnico
Un monoplaza de Fórmula 1 es una herramienta de precisión en la que cada una de sus piezas está directamente relacionada con todas las demás. No se puede diseñar ninguno de sus componentes aisladamente, sino como parte de un todo del que se busca el equilibrio perfecto, la máxima efectividad y homogeneidad.
La aerodinámica es uno de los aspectos que más condiciona el trabajo de los ingenieros. La eficacia en la lucha contra el viento se traduce en sustanciales ventajas prestacionales y de comportamiento dinámico, pero también impone su dictadura. La ubicación de los pilotos en el habitáculo, el ángulo de las bancadas del motor, su colocación en el chasis, el espacio para la dirección y el pedalier en el afilado frontal... Todo está relacionado con el diseño aerodinámico, por lo que cada milímetro adquiere un valor tan relevante como inhabitual en otras especialidades.
En un automóvil de serie no existen demasiados problemas para colocar una columna de dirección en la posición idónea, además de dotar a la barra del diámetro adecuado para garantizar su rigidez y fiabilidad. Nada que ver con un Fórmula 1. En el limitadísimo espacio del morro del coche hay que colocar la dirección, el pedalier, los anclajes del eje delantero... y también las piernas del piloto.
Hilar fino. Por eso los ingeniero hilan tan fino. La tolerancia existente se aproxima a cero y cualquier desviación milimétrica puede derivar en una avería... o un accidente. De hecho, el coraje de Fernando Alonso en Nurburgring no acabó mal sólo por su habilidad al volante, porque un monoplaza se convierte en inconducible en esas circunstancias, sobre todo considerando la desmultiplicación de estas direcciones (las tomas de las cámaras subjetivas nos enseñan como la dirección se gira por completo con apenas media vuelta de volante).
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La dilatación de la barra de dirección del Renault de Alonso resultaría inapreciable a simple vista. Pero fue suficiente para que, en su asimetría, provocara el roce con el chasis del R24, bloqueando peligrosamente el giro y, en consecuencia, el de las ruedas. Adiós a la trazada...
La fabricación de cada pieza de un monoplaza resulta igualmente crítica. Ha de combinar ligereza con resistencia, para lo que se usan aleaciones especiales a menudo derivadas de la ingeniería aeronáutica. El coeficiente de dilatación en condiciones de máxima exigencia es otro de los aspectos que se deben tener muy en cuenta en su construcción, precisamente lo que ha fallado en el caso de la dirección del Renault.
