Yo digo Raúl Romojaro

Exceso de ímpetu

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Aparte de un talento natural para pilotar que se sale de lo común, lo que más me entusiasma de Fernando Alonso es su carácter ganador. Esa ambición y esa agresividad que distingue a los campeones de los mediocres. No dar un metro por perdido, no ceder ante los rivales, crecerse ante las adversidades... Garantías casi siempre de éxito y de espectáculo, aunque no por ello carentes de ciertos riesgos. Como los que corrió ayer el asturiano y que supusieron su adiós a lo que pudo haber sido su primera victoria del año y, además, en Mónaco. ‘Nano’ hizo lo que se espera de un fuera de serie, de un ganador nato, pero eso no significa que sea lo más oportuno a la vista del desarrollo posterior de los acontecimientos.

Alonso sólo quería evitar que Trulli, y con él la gloria, se escapara y por eso intentó adelantar a Ralf Schumacher sin entrar en otras valoraciones. No pensó que debía pasar al piloto más zoquete de la parrilla (al menos en lo que va de temporada), que tiene un coche que corre más que el suyo y que el Túnel era una auténtica trampa mortal en caso de error. Y como en todos los accidentes, se produjo el cúmulo de circunstancias que nos llevó a la catástrofe. Claro que decirlo ahora es fácil, pero visto desde fuera también era previsible en ese momento. Insisto: visto desde fuera. Porque el eximente del asturiano es que todo lo que ocurrió fue simplemente fruto de su inagotable ambición.

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