Espectáculo inigualable
Noticias relacionadas
Se me ocurren pocas cosas mejores que hacer hoy a las dos de la tarde que ver la carrera de Fórmula 1 en Mónaco. Y no sólo porque Alonso nos haga soñar con el triunfo (las razones las explica con detalle Carlos Miquel en su crónica), sino también por el espectáculo inigualable que supone un gran premio en el circuito monegasco. La peligrosidad del trazado es tan evidente que no merece la pena ni cuestionársela, pero como los que se juegan el bigote parecen encantados de hacerlo, pues a los demás nos queda el gustazo de disfrutar de su valentía y arrojo. Sobre todo gracias a la perspectiva de la competición que nos ofrece la sofisticada tecnología de las transmisiones televisivas. Sencillamente impresionante.
No pierdan de vista el coche azul y amarillo de Fernando, pero tampoco pierdan detalle de las tomas de las cámaras subjetivas. Nos regalan la sensación más próxima, la referencia más certera, de lo que supone correr en Montecarlo. Fíjense por dónde trazan los coches, la distancia que hay entre sus alerones y los guardarraíles o la velocidad a la que los obstáculos quedan atrás con el paso de los monoplazas. Aquí no existe el error, sólo la catástrofe. Los más rápidos salen del Túnel a 295 km/h y supongo que sin tiempo para recordar que en las aguas del puerto los buzos aguardan por si es necesario el rescate de alguno de ellos. Si lo pensaran, Mónaco quizá moriría...
