Cantera: dos años de cuesta abajo
Del lujoso equipo que fue campeón de Segunda B para luego estrellarse en la liguilla de ascenso al pálido fruto del laboratorio de Ramón Martínez


Debió pensar Florentino Pérez aquel 24 de marzo de 2002 que tenía cimientos suficientes para construir su Madrid de los Zidanes y Pavones. La Ciudad Deportiva se llenó hasta la bandera, 7.000 personas en las gradas, para ver el derby de filiales entre el Real Madrid, primer clasificado, y el Atlético, cuarto en la tabla. La expectación que despertó el conjunto blanco (plagado de jugadores que ahora triunfan en Primera División), fue de tal magnitud que en el pequeño palco de autoridades se dieron cita Florentino Pérez y Jesús Gil. Este último quería comprobar in situ las excelencias de Portillo, que había debutado con gol en la Champions League unos días antes frente al Panathinaikos.
Y no defraudó Portigol: marcó los dos tantos del Madrid (2-0) y acabó el partido con un fuerte vendaje en la cabeza tras sufrir un corte que sangró con abundancia, lo que engrandeció su imagen de jugador con raza, la misma que demostraron sus compañeros esa temporada acabando primeros del Grupo II de la Segunda B. La liguilla de ascenso fue otra historia. No se consiguió subir a la categoría de plata (ese honor correspondió al Almería), pero se luchó hasta el final. Nada que objetar.
El declive. Quizá Florentino Pérez no se equivocó al ver que había cimientos, pero sí a la hora de elegir el arquitecto. Lo cierto es que después de aquella hornada de magníficos futbolistas, algunos de los cuales (Pavón, Raúl Bravo...), rinden al máximo nivel en el primer equipo, no se ha producido el relevo generacional esperado. Cuando Florentino Pérez llegó a la presidencia del Real Madrid en 2000 se intentó modernizar la cantera. Para ello, se fichó a Ramón Martínez al frente del organigrama y se eligió a Alberto Giráldez como su mano derecha. López Caro, un técnico con fama de sargento, se hizo cargo del Segunda B sustituyendo a Paco Buyo en la 2001-02. Entonces llegó el éxito de la quinta de los Pavones, triunfo que no ha tenido parangón. La temporada pasada el primer filial quedó en una discreta sexta posición y este año se luchará para entrar en la fase de ascenso in extremis, dato doloroso si se tiene en cuenta, por ejemplo, que el filial del Atlético marcha primero con tres puntos de diferencia sobre el segundo clasificado en la tabla.
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Despropósitos. El pasado domingo el Madrid B dio muestras de sus posibilidades en el derby ante los rojiblancos. La derrota (1-0) fue lo de menos. Importó la manera de perder y la pobre imagen mostrada por el equipo. Juanfran, machacado anímicamente tras ver cómo su oportunidad de ser titular con el primer equipo ante el Sevilla (Figo causó baja) se desvanecía por la obligación de ayudar a los suyos, ni siquiera apareció. Es comprensible su bajón en el rendimiento si se tiene en cuenta que tan sólo un mes antes no pudo jugar con el filial porque Queiroz lo sacó un minuto ante el Racing para perder tiempo.
El laboratorio de Ramón Martínez y Alberto Giráldez se planteó con el objetivo de formar jugadores antes que ser campeones. Por eso querían rejuvenecer al Segunda B, aunque lo cierto es que sólo ascendieron este año a ese equipo Juanfran (Juvenil A), Jurado (Juvenil B) y Arbeloa (Tercera). El propio Juanfran y Mejía alternan con los mayores. Lesiones y malos fichajes son los causantes del mal momento del filial. ¿Hay cantera para cimentar el proyecto de los Zidanes y Pavones?