Ciclismo | Trofeo Luis Puig

Freire también gana en solitario

El cántabro optó por no esperar al sprint para imponerse en el Trofeo Luis Puig.

<b>COMO EN VERONA.</b> No es demasiado habitual ver a Óscar Freire ganando en solitario como ayer, aunque ya lo hizo en su primera gran victoria: el Mundial de Verona en 1999.
Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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No debería tener nada de particular que Óscar Freire triunfe en el Trofeo Luis Puig, una clásica española donde han inscrito sus nombres sprinters como Cipollini, Zabel, Petacchi, Baffi, Dejonckheere, Hermans... A no ser, claro, que el cántabro gane como ayer: entrando en los cortes decisivos, provocándolos él mismo y atacando en el tramo final para cruzar la meta en solitario. En resumen, como un clasicómano.

No es habitual ver a Freire alzar los brazos sin compañía, aunque ya lo hizo en el Mundial de Verona en 1999 y lo intentó en la Milán-San Remo del pasado año. Su actitud de ayer huele a test para las futuras clásicas, aunque también a desquite por sus últimos resultados.

En la reciente Vuelta a Andalucía, Freire sumó dos segundos puestos por detrás de Erik Zabel. El último de ellos, en Almería, fue especialmente hiriente, porque Óscar llegó incluso a celebrar la victoria. La foto-finish le quitó la sonrisa de la cara. "Me batió por dos o tres milímetros, nunca había perdido por tan poca distancia", recordaba el doble campeón del mundo.

Así que ayer seguramente miró a un lado, vio otra vez a Zabel rondando por allí y se dijo: "Si esta vez me quieres ganar, sígueme". Freire se metió en el corte bueno en el Coll de Rates, a unos 30 kilómetros de la meta. Luego fue entrando otra gente en el grupo, así que decidió responder a los ataques del campeón de España, Rubén Plaza (no olviden este nombre), y Toni Colom, en un repecho a unos 20 km. Al final se formó un grupo de cinco, con Koldo Gil y Bingen Fernández.

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El pelotón, tirado por el T-Mobile de Zabel, no perdió nunca la referencia de los escapados. A seis kilómetros, el aliento de los orcos perseguidores era insoportable en el cogote de los fugados. Y entonces arrancó Freire. El viento pegaba de cara, mal asunto. Pero ayer era el más fuerte. Y el más listo. Llegó a sortear una glorieta por la izquierda, pese a la oposición de conos y guardia civiles. ¿Esto es legal? Eso parece. Y venció en solitario, como en Verona. Desde Cabestany en 1987, no ganaba un español.

El enfurecido grupo llegó a cuatro segundos, encabezado por Alejandro Valverde. De momento, 2-1 para el cántabro, que ya había ganado una prueba de la Challenge de Mallorca. ¡Qué dos pedazos de ciclistas! Erik Zabel entró cuarto en Benidorm. Venganza cumplida. Para evitar la foto finish, lo mejor es ganar en solitario. Las clásicas de la Copa del Mundo esperan.

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