Un Euskaltel rojigualda

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De todos es sabido, salvo que se mire a otro lado, que el Euskaltel-Euskadi es más que un gran equipo ciclista. El proyecto de Miguel Madariaga, que nació en 1994 de aportaciones populares, ha acabado siendo sinónimo de una bandera, la ikurriña, y la solución a una reivindicación del nacionalismo vasco: una selección de Euskadi. Las exhibiciones de Mayo y Zubeldia en el Tour, unidas a unos Pirineos teñidos de camisetas naranjas y enseñas verdirrojas, animaron al Gobierno Vasco a aumentar el apoyo: tres años, a 6 millones de euros por cada uno. Así se convirtieron en la envidia de un pelotón castigado por la crisis. En los corrillos formados cerca del Banesto y la ONCE surgían muchas ideas. Como ésta: "Quizá ahora la solución para otros sea agarrarse a la bandera de España".
No sé si la idea llegó desde ciclismo al entorno del PP o al revés, pero se está fraguando el proyecto de un equipo que frene el efecto Euskaltel. El sábado, Mariano Rajoy aplaudió la intención de Illes Balears de formar un nuevo equipo, a la par que felicitó a la Generalitat Valenciana por permitir la supervivencia del Kelme. En Galicia también hubo movimientos de apoyo al Súper Froid. En esos sitios gobierna el PP. No es malo que el ciclismo saque provecho de esta inercia, porque tener una institución pública como colchón es un seguro de vida. Pero no conviene politizar un deporte donde siempre se ha compartido el bidón.