Mucho miedo
El Atlético no supo ganarle a un Barcelona que acabó con nueve, aunque Daudén anuló un autogol legal de Márquez

Este Atlético está para ir al psiquiatra. Ni contra nueve supo romper su gafe goleador. Más facilidades que le dio el Barcelona para conseguir la victoria es imposible que las tenga esta temporada. Sin embargo, siguió con la sinrazón de un fútbol ramplón y absurdo. Ronaldinho puso las pocas gotas de calidad en un partido tostón. Para colmo, cuando consigue uno legal que se marca Márquez en propia portería, se lo anulan por una falta inexistente de Fernando Torres. Daudén estuvo penoso.
El Atlético salió con miedo y el Barcelona se hizo dueño del partido de manera inmediata. El factor Ronaldinho se apoderó del campo y el brasileño hizo lo que quiso al moverse en las zonas pésimamente ocupadas por los rojiblancos. El Mono Burgos tuvo que salvar dos goles cantados y los madrileños no se enteraban de la fiesta. En la pizarra Manzano apostó por dar el balón y el ritmo a los azulgranas y su penitencia era evidente. No tejían una jugada en condiciones. Ibagaza no podía tomar el mando de las operaciones y Fernando Torres era un islote aislado en ataque.
Tampoco el Barça está para mucha alegrías y enseguida perdió gas. Hasta un autogol de Márquez era anulado por Daudén de manera incomprensible. Es cierto que antes hubo una mano de Santi en su área que era merecedora de penalti. Esta jugada supuso un cambio de rumbo en el choque. El Atlético, a base corazón y pelotazos, aculó a los de Rijkaard sobre Víctor Valdés. Más tarde el árbitro se comía la roja a Reiziger por su placaje a Novo. Las ganas locales agobiaban a los azulgranas que sin balón se dedicaban a defender a la espera de una genialidad de Ronaldinho o Kluivert. En cuanto la gente de Manzano metía la quinta, el Barça se hundía ya que jugaba andando y por el centro.
Lentitud. El inicio del segundo tiempo estuvo presidido por el respeto de los dos conjuntos y un fútbol ralentizando que aburría al personal. El Niño apareció en una jugada marca de la casa que salvo Valdés. Luego se autoexpulsaba Cocu y el Atlético se fue hacia arriba. Pese a su superioridad seguía con las ideas muy poco claras y su recurso era colgar balones sin mayores peligros. Era la pelea contra un frontón azulgrana que defendía sin sentido y la consecuencia clara. El choque de los goles de los últimos años era la supervivencia de dos bloques en horas bajas.
Ni con nueve, tras la expulsión de Motta, el Atlético tuvo un poco de picante en ataque. Su terror a encajar un tanto le hacía estar bloqueado ante Valdés que se limitaba a bloquear con aciertos los pelotazos que le enviaban la gente de Manzano. Es complicado que no crearan ni una oportunidad. Parece que la mente madrileña está presidida por las telarañas.
Al final, un tirito de Nano y un remate de cabeza de De los Santos dieron alguno de trabajo al guardameta azulgrana. Un empate que debe saber a gloria a los catalanes y una penitencia para los rojiblancos, que siguen atemorizados y que están en una cuesta abajo espeluznante. No tienen confianza y son el conjunto más vulgar de toda el campeonato ya que luchan contra todos sus fantasmas. Han conseguido que el bache del Niño, sea un socavón.
Noticias relacionadas
EL DETALLE: El primer 0-0 en 30 años
Desde el año 73, un partido entre el Atlético y el Barça no acaba con empate a cero. En esa ocasión se jugó en el feudo de los azulgranas.
