El futbolista antiestrella
El Mono es un futbolista atípico. Odia ser estrella y le gusta codearse con los de abajo. El peor insulto que se le puede hacer es incluirle en la nómina de los galácticos. Prefiere desayunar con los currantes de Majadahonda antes que vestirse con la ropa de moda. Conoce sus limitaciones y sabe que tiene que estar agradecido al fútbol, que le ha permitido llevar un tren de vida al alcance de los elegidos.
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Le funciona la cabeza mejor que a nadie. No rehúye hablar de sus convicciones políticas y en el rock tiene su válvula de escape. En el campo es un auténtico espectáculo. Quizá no sea el mejor del mundo, pero sí es el guardameta ideal para el Atlético, ya que con él las emociones y el corazón están siempre a prueba de bombas. Siempre tiene la sonrisa como fiel compañera y en el mano a mano pocos hay que lo sepan resolver con su astucia y elegancia.
En apenas dos años que lleva en el Calderón, se ha convertido en uno de sus símbolos. Siempre sabe dar el paso al frente cuando tiene que defender a su gente y por encima de las individualidades está el colectivo. Se sonroja cuando le hablan de la presión de los futbolistas. "¿Presión? Eso es lo que tiene un padre de familia para llegar a final de mes". No es extraño que el Atlético haya vuelto a apostar este año por sus servicios y que, incluso, quiera que cuando cuelgue las botas siga vinculado a la entidad en cualquier puesto. Supo vencer al cáncer afrontándole de cara y es un tipo que deja huella en el corazón de los demás.
