Ha vuelto la felicidad al Manzanares
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La cara de felicidad de Miguel Ángel Gil en la rueda de Prensa de ayer era un síntoma de esperanza. El Atlético ha podido empezar una nueva etapa de estabilidad que perdió con la llegada de Rubí como administrador judicial. Han sido cuatro años de locuras, insensateces, peleas en los tribunales, descenso a Segunda y vestuarios ardiendo. Es todo un milagro que este club todavía siga vivo y ha sido gracias a la fe inquebrantable de una afición que es envidia de galácticos y de todo el orbe futbolístico. La pelea de Gil y Cerezo ha sido ardua, con hipotecas de casas familiares por medio para poner los 12 millones de euros que pedía la Audiencia. Ahora el optimismo es grande, ya que de salida el pasivo se reduce a 22 millones de euros.
En definitiva, el Atlético, de aquí al 30 de julio, se va a poder manejar económicamente con cerca de algo más de 40 millones de euros que corresponderán a la ampliación de capital, ingresos por televisión, abonados y salida de jugadores. Ya se puede hablar entonces de la llegada de Manzano, del pelotazo de la vuelta de Simeone, que imprimirá carácter a unos futbolistas amorcillados que se dejaron torear vilmente este año por el Madrid. Se aproxima el fichaje del filigranero Ibagaza, un cerebro que no tiene el Calderón desde Schuster. Arteta, Núñez, Rodrigo y hasta Mendieta ilusionan. Me da en la nariz que con dinero y la cordura de Manzano el año que viene nos lo pasaremos bomba.
