Sabina es la fuerza y Plácido, el sopor
Tomás, voy a desvelar tu gran secreto: te echamos de socio del Atlético por lo hortera y pijo que eras. No me extraña que te guste Plácido Domingo, aunque la verdad es que eso de la ópera no comulga con tu manera de actuar. Lo poco bueno que todavía está libre de la contaminación blanca es tu amor por los placeres de la noche. No le pido peras al olmo y mucho menos que puedas entender a Sabina. La miel no se creó para la boca del asno.
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Esa adoración tuya por la prepotencia y arrogancia es el primer mandamiento de la escuela Florentino. Los del Calderón somos gente del pueblo. Nos gustan las cosas normales y sobre todo morimos por nuestros colores junto a los amigos. No pedimos la cartilla de ahorros como sucede por el Bernabéu. No te olvides nunca que cuando vamos a sacar el carnet de identidad, cuando indicamos que somos rojiblancos ya saben que somos gente del Foro. El dúo Cano-Placido cantan a una Torre de Babel, que no arranca un sólo latido al corazón.
Tampoco, nos ha dolido nunca exhibir públicamente nuestras lágrimas, que es algo muy saludable. Peor son los festejos millonetis de la Champions, que luego acaban con el rey Del Bosque al borde del abismo y cuestionado. Roncero, al igual que Raúl, eres un renegado a la causa atlética. No todo el mundo sirve para ser seguidor de esta entidad. Sabina ha plasmado magistralmente nuestra manera de vivir. No es una canción, es una radiografía de una gente sencilla, dicharachera, humilde, de corazón anchísimo y sobre todo fiel a los principios que le inculcaron sus padres.
