Dilema de argentinos

Un equipo que quiera presumir de ser ganador necesita tener en su plantel, como mínimo, un argentino. Di Stéfano lideró el Madrid imperial de los 50, el recuperado Redondo el de finales del siglo XX, y en esta versión de los megacracks con marcado acento brasileño (Ronaldo & R. Carlos) asoman su perfil argentino dos futbolistas de corte sacrificado y solidario: Solari y Cambiasso. El problema es que el primero va por su carril respetando las normas de circulación y el segundo lleva tres semanas en dirección prohibida y aparentando conducción temeraria. Solari debería negarse a irse al Inter estas Navidades (está en su mano la última decisión) y repetir su escalada a la fama que ya protagonizase con orgullo la temporada pasada: empezó de suplente y acabó titular en la gloriosa final de Glasgow.
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El caso de Cambiasso es el opuesto. El mediocentro bonaerense empezó el ejercicio a un nivel asombroso, hasta el punto de que algunos llegaron a ver en él al fichaje estrella del verano por encima de Ronaldo, pero actualmente está metido en un callejón sin salida que está ofuscando al resto de su equipo. Se le ve desubicado, ni recupera balones como antes ni se convierte en esa pieza de enlace con los puntas que le permitió ser en Argentina un jugador de 10 ó 12 goles por ejercicio.
Del Bosque debe resolver otro dilema. El día que retorne Raúl (cuando falta es como si te bañas en una piscina con el agua helada) tendrá que decidir si Solari merece seguir y sacrificar a Cambiasso, o bien dar entrada a Raúl Bravo para que complete con Robertinho la banda izquierda y renunciar al doble pivote para jugar con rombo y Zidane de enganche. No sé, no sé...