Iñaki Sáez quiere tener su propia gente
La primera lista define a un seleccionador. Todo lo que piensa, lo que proyecta, lo que se puede esperar de él en un futuro, está escrito en su primera lista, que siempre incluye las decisiones más importantes: las bajas de jugadores entrados en edad o quemados en la última época, y la designación de sus reemplazantes. A Sáez parte del trabajo le venía hecho, por los abandonos voluntarios de Hierro, Nadal y Luis Enrique. Pero no ha parado ahí. Del equipo del Mundial han volado los dos laterales izquierdos, a los que es difícil defender, y De Pedro.
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Pero hay otras dos ausencias significativas: Cañizares, que era tan de la Selección que siguió en el grupo hasta lesionado, y Guardiola, que si no estuvo en el Mundial fue por una sucesión de contratiempos. Ahora está bien y ha sido repescado para el fútbol grande, pero aun así no cuenta. Conclusiones: más confianza para Casillas y Xavi, dos de sus puntales en las selecciones más jóvenes. Como todos, Sáez busca tener su propia gente. Y por eso también tira de Orbaiz, aunque habrá que ver si éste resiste el ataque de Baraja y Albelda cuando ambos estén en plenitud.
Se percibe la clara confianza en Joaquín y Vicente, en el modelo 4-2-3-1 que suele utilizar, y queda la incógnita del encaje Valerón-Raúl. ¿Con el madridista en punta o sacrificando alguna pieza en el dibujo? Cualquier solución es difícil y polémica. Respecto a los centrales, los tres elegidos son los que más méritos pueden exhibir para la candidatura. Pero por ahora son sólo eso: candidatos. Una buena pareja de centrales (yo aún me acuerdo de Maceda y Goiko) es esencial para la estabilidad de un equipo. De que la consiga dependerá en gran parte el éxito de Sáez.
