El apellido no basta
Cuando Pablo me dijo que quería correr, yo intenté por todos los medios quitarle la idea de la cabeza. ¿El motivo? Tan simple como que paso mucho miedo viendo a mis hijos o a mi sobrino subidos en una moto. No era buen estudiante, así que le dije que sólo le dejaría competir si aprobaba... y lo hizo. Poco después, viéndole en una carrera de promoción en Albacete junto a Aspar, me di cuenta de que quizá su insistencia estaba justificada y que podría hacerlo bien.
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Cuando entró en Derbi para hacer el Mundial de 125 me hizo mucha ilusión. Iba a correr en el equipo de mis grandes éxitos, en la marca de mis amores. Por desgracia, las cosas no salieron como esperábamos, porque uno de los italianos de la escudería no se portó nada bien con Pablo. De todos modos, creo que la experiencia también fue positiva, de todo se aprende.
Ahora, de nuevo junto a Aspar, está demostrando lo que es capaz de hacer. Y lo más importante para mí es que se supera a base de mucha ilusión y ganas. En esto de las motos, aunque algunos piensen lo contrario, no vale de nada cómo te llames o quién sea tu padre... Si no le das al mango te pasa hasta el de la puerta. Por eso yo le digo que siga así, humilde, honrado y trabajador, porque todavía lo tiene todo por hacer.