Lo que pudo ser y no fue

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Las personas somos muy dadas a pensar en "lo que pudo ser y no fue". Y una vez que hemos llegado a la fase decisiva del Giro con dos grandes favoritos fuera de combate, Stefano Garzelli y Gilberto Simoni, a mí me ha dado por darle vueltas a varios supuestos. Me pregunto, por ejemplo, "¿qué hubiera ocurrido si el emergente Santi Pérez no se hubiera retirado por una caída?". Y un amigo me contesta: "Según está la carrera de abierta, igual podría estar luchando por el triunfo". Tampoco me olvido de Ángel Casero, que no está aquí por una lesión y el recorrido le iba a la perfección. Y también recuerdo a Unai Osa, que el año pasado se subió al podio y no ha venido a esta edición por la decisión de ibanesto de no disputar la ronda rosa. A todos ellos se les echa de menos.
Pero no se puede vivir de "lo que pudo ser y no fue". De hecho, algún italiano se estará haciendo preguntas similares: "¿Qué hubiera sucedido si Simoni y Garzelli siguieran en carrera?". El ciclismo es así, un deporte de eliminación. Y, por eso, no hay que quitarle mérito al ganador de este Giro recordando a los ausentes. Fernando Escartín, por ejemplo, no pudo luchar por el podio del Tour en 1998 porque el Kelme se retiró. Ahora la historia le devuelve una oportunidad. Ya pisa el cajón. Y se lo ha currado como el que más.