A Vicioso le deben una

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Cuando ayer vi que Ángel Vicioso aguantaba con los mejores en la subida a San Nicolás, cruce los dedos para que pudiera ganar en Lieja. No lo deseaba sólo por patriotismo o por amistad, sino sobre todo porque entiendo que la historia del Giro de Italia tiene que hacer justicia con este bravo aragonés del Kelme. En el año 2000, cuando todavía era un desconocido para el gran público, Vicioso se marcó una bella victoria en Brescia. Era su doctorado en la universidad del sprint. Después de que Ángel subiera al podio y cuando se disponía a iniciar la conferencia de prensa del ganador, los jueces comunicaron su descalificación. Fue una cacicada impresentable. Tanto Silvio Martinello (el corredor teóricamente cerrado) como Biagio Conte (el ganador por decreto) reconocieron la limpieza del español en la volata. ¡Hasta ellos!
El mánager del Kelme, Joan Mas, decidió incluir aquel triunfo en el dossier del equipo. Fue un acto simbólico. Pero no es lo mismo. Vicioso aún lleva dentro la amargura de aquella injusticia. El aragonés lloró mucho y durmió poco aquel día. Ayer tuve ocasión de hablar de este asunto con él durante la retransmisión de Localia. Ángel está convencido de que va a sacarse la espina. Yo también. En Lieja no ha podido ser, porque se desfondó en el momento clave. Pero llegará.