¡Que fichen a Anelka!

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Cuando el bombo escupió la bola del Bayern Múnich el madridismo se vio sacudido por una ráfaga de aire helado, impropio de esta primavera radiante y luminosa que estos días nos ha reactivado el espíritu. Por eso, Florentino Pérez haría bien en marcarse una chulería alquilando para esta eliminatoria a Nicolás Anelka, el futbolista-rapero capaz de convertir su profesión en una losa pesada... salvo cuando el Bayern se cruza en su disparatado camino. Como si fuese un justiciero que quisiese vengar la barbarie protagonizada por los antepasados de los germanos hace 50 años, Anelka se erigió hace dos años en el verdugo implacable que hundió al engreído de Kahn y al torpedero bávaro en la semifinal previa a la conquista de La Octava.
Seguro que si Anelka, que ahora disfruta del fútbol y de la ingesta de cerveza en el Liverpool, se pusiese la camiseta blanca del 2 al 10 de abril, el tal Kahn cambiaría ese perfil granítico que agiganta su figura hasta mutarse en un monstruo con mil tentáculos imposible de superar. El espíritu de Anelka despejará la ruta de La Novena. En 1998 otro francés, Karembeu, hundió al Bayer Leverkusen y al Borussia con un cursillo de cómo marcar goles a base de punterazos. Luego fue su compatriota Anelka el que clavó dos chicharros de escándalo en las semifinales del año 2000. Sigamos con acento francés. Zidane... Ándale. Que Oliver cante La Marsellesa.