Yo digo Manuel Esteban

Adiós al gimnasio

Manolete
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Bendito Roncero. Has acabado con mis tormentos. Año tras año poniéndome en forma desde enero para estar a punto para el Maratón de Madrid y con el Centenario de marras se acabó mi reto particular. Solamente pensar que me tendría que poner la camiseta del Real Madrid me provoca urticaria. Es el colmo. Obligar a los deportistas a comulgar con ruedas de molino es el colmo de la arrogancia. Ese día los currantes del asfalto de verdad nos iremos a la Casa de Campo y haremos nuestra sesión de footing habitual. Estaría bueno que los blancos nos impusieran sus condiciones. Al final va a tener razón Jesús Gil cuando dice que los que no seamos blancos lo vamos a pasar mal. Nuestras creencias y colores están por encima de todo.

Hasta el momento, la tortura del Centenario la llevaba con resignación cristiana y con su mucho de sorna. No he visto el rayo luminoso que nos iba a cegar a todos, ni tampoco la NASA coloca el despertador en sus naves. Pero la idea del Maratón me parece una tomadura de pelo que les puede salir rana a los organizadores. Las dictaduras, aunque sean las de los colores, son de tiempos gracias a Dios olvidados. Como tampoco lo de Nueva York es algo que me parezca apasionante, desde hoy mismo voy a aceptar la oferta de mi director de tomarme unos judiones de La Granja y esperar pacientemente el ascenso. Nunca, ni en sueños, me verán vestido como un merengón más.

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