Y a mí qué me van a contar
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El fútbol se ha vuelto loco. No entiendo la polémica que se ha suscitado con el arbitraje del pasado domingo en el Bernabéu. Es norma habitual. Los atléticos estamos curados de espanto y nos tomamos a risa todos estos enfados. Desde que el fútbol es fútbol los de negro han tenido una clarísima tendencia madridista. El que no asuma esta verdad debe dedicarse a otra cosa. Ya en los tiempos de las famosas y fratricidas semifinales de la Copa de Europa, siempre que hemos pisado el feudo de nuestro eterno rival se nos ha quedado cara de tontos y la sensación de que nos habían quitado la cartera.
No hablemos de la época de Guruceta , que nos eliminó de la Copa de España de forma alevosa. Si incluso esta temporada siendo el equipo más goleador de Segunda, solamente nos han pitado un penalti a nuestro favor. Son los rigores propios de jugar en categoría profesional. Los árbitros saben muy bien el campo en el que reparten escarapelas FIFA y no es cuestión que el Real Madrid se cargue su nominación como colegiados internacionales. El Nàstic se fue de la Copa sin protestar cuando las decisiones arbitrales le favorecieron claramente. Al Valencia le podíamos dar lecciones y enseñarles vídeos de las tomaduras de pelo que hemos tenido que aguantar en el Bernabéu. Gil fue a la guerra y salió trasquilado. Hasta Carolina Domenech nos la hizo en el amistoso del pasado día 2. Ya nos limitamos a olvidarnos de los puntos del Bernabéu y a no hacer ruido para que luego los árbitros no tomen represalias. El escudo del Madrid y el del Comité de árbitros en muchas ocasiones son idénticos.
