Magic Madrid

Cuando era un pigmeo acompañado a todas horas por mis arrugados cromos de fútbol, los Reyes Magos me trajeron un precioso balón de cuero, de reglamento, de esos con válvula prominente y hexágonos negros, como debe ser. Ese niño se crió con las diabluras de Pelé, Beckenbauer y Sir Johan Cruyff. El balón era como una Playstation virtual, donde los sueños se convertían en realidad gracias al talento de ese brasileño, ese alemán y ese holandés que a principios de los 70 eran los auténticos jerarcas del fútbol mundial.
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Ese niño, con sus primeras canas, ha vuelto a descubrir que el fútbol es como la magia de Houdini, sobre todo el que practican los Globertrotters. Earvin Magic Johnson, alucinando en el palco del Bernabéu, comprendió que su vida no había tenido sentido hasta anoche. Cuando vio a Zidane fintar a la derecha, amagar, pasar el esférico a la izquierda y fundir a Molina con un zurdazo, comprendió que su famoso pase mirando al tendido tenía su traslación en este deporte que él, como buen americano, desconocía por completo.
Y cuando Raúl irrumpió para demostrar que su pie derecho ya se ha doctorado, al conservador Jabo Irureta y al timorato Depor que siempre se arruga lejos de Riazor sólo les quedó rendirse al verdadero Rey Mago de esta Liga. Al campeón. Al mejor.